Tenía pendiente escribir este post, hasta que leer a Pau me ha forzado a hacerlo.
Hola. Me llamo Diego y no tengo estudios.
Bueno, en realidad estudios sí que tengo. El Bachillerato :-)
Hace unas semanas debiera haberme matriculado para este curso. Y a fe de gentilhombre que mi intención era hacerlo. Al final se me pasó el plazo de hacerlo, lo que identifico como un triunfo de mi subconsciente: si realmente hubiese querido matricularme, lo hubiese hecho.
Mi vida universitaria empezó en Informática. Por aquellas ya me ganaba unos euros programando en una empresa, por lo que estudiar aquello era importante pero no prioritario. A los pocos meses, acabé en la revista de la facultad: todo un punto de inflexión en mi vida. Cuando llegué estaba a punto de echar el cierre por problemas económicos, y entre un grupo de gente la levantamos hasta hacerla altamente rentable. Obviamente, no pisé una clase ni de casualidad en todo ese tiempo. Pero recuerdo aquella época como una de las más felices de mi vida. Tanto, que tras haber identificado mi vocación (complicarme la vida intentando que se pague por algo que ofrezco), pensé que sería bueno matricularse en un lugar donde explicasen cómo hacerlo en serio.
Y de ahí salté a Esade (tras una temporada como consultor IT en la tormenta 2001-2002). Mi ilusión y yo nos dimos de bruces contra lo que representaba estudiar una carrera. A favor mío, diré que me apunté mucho antes en la junior-empresa que en la biblioteca :-D Las notas no eran malas, pero siempre dejándolo todo para el final. He sido el rey de las cuartas convocatorias… y aunque suene raro, me enorgullezco de ello :-)
Allá por el 2004 se plantó el gérmen de lo que ha acabado siendo abiquo… lo que indica que desde entonces no volví a pisar mucho las clases. Hasta hoy, que ya tengo claro que no las volveré a pisar nunca.
¿Por qué alguien con buen expediente abandona la carrera? No lo sé. Nunca he podido estar mucho rato quieto ni prestando atención a cosas que no me interesan. Recuerdo que en clase siempre me sentaba en la última fila posible y cerca de la ventana. Me encantaba mirar por la ventana. Y pensar que todo lo que se veía, era fruto de una compra-venta. El mundo estaba lleno de oportunidades y yo tenía que pasar horas sentado memorizando gilipolleces sin saber para qué. Así que poco a poco lo vas dejando, lo vas dejando… y no vuelves.
No sé si estoy orgulloso de todo esto. A veces me entra la vena temerosa y pienso que como se me ocurre ir por la vida sin un papel que justifique algo. Otras me planteo que si quisiese contratar a alguien, nada mejor que traer un perfil cómo el mío. En el fondo, todavía no tengo claro si ha sido una buena o mala opción tomar este camino.
Qué fácil sería esta vida si uno supiese acatar órdenes o consejos sin plantearse nada.