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Va a hacer un mes de la #TarugoConf y ya estoy contando los días hasta la siguiente. Un evento redondo: con charlas inolvidables y la mejor sobredosis de pulpo que he tenido en mi vida. Allí estuve repartiendo Almax a 2 manos entre el público antes de salir al escenario.

El único “pero” al evento, es que desaparecieron 14 slides de mi charla. Algunas de ellas necesarias para poner contexto en cosas que se discutirían más tarde. Y dado que he pedido que no compartan ni mis slides ni el video de la charla, queda este post para aclarar algunos puntos.

Por ejemplo, esta primera slide era de lo más importante:
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La charla iba sobre cómo lo haría hoy para, partiendo de la misma base de Ducksboard, crear un bisnes en el que “hasta el becario acabe siendo cliente de banca privada”®. Obviamente el enfoque iba a ser SaaS (¿hay algún bisnesmodel más bonito?), y especialmente el enfoque B2(b). No B2C porque soy incapaz de hablar de lo que desconozco (y a mi edad todavía me siguen sorprendiendo las startups que consiguen cientos de miles de visitas o descargas), y no B2B puro porque si vamos a empezar en España, idealmente debiéramos buscar un enfoque que no necesite venta consultiva.

Así que un B2(b), con la segunda “b”minúscula. Si empiezas desde aquí, lo ideal es intentar exprimir únicamente el modelo transaccional (al menos hasta llegar al “default alive“), y luego ya te meterás a negociar contratos que requieran seguros de responsabilidad civil y soporte VIP 24×7.

Del mismo modo, faltaron slides por en medio que me hubisen venido más que bien para explicar mejor algunos de los puntos más conflictivos… así que intentaré alargar las conclusiones:

 

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(1) Reconsider your UI investment. Twice. Thrice.

La gente se cree que estoy de broma cuando digo que la prueba más fehaciente de que en nuestra vida será imposible viajar en el tiempo, es que mi yo del futuro no se presentó con un bate en la mano en mi cocina el día en que decidimos “hacer nuestra propia librería de charting sobre SVG”. Un bate de metal y ganas de protagonizar especiales informativos. Consejo gratuito: nunca utilicéis las palabras “librería” y “charting” unidas a cualquier pronombre posesivo en primera persona. Never. Never de never.

En todo caso, la reflexión es que inversiones en GUI se convierten rápidamente en costes irrecuperables. Más que un coche al sacarlo del concesionario. Imposible tener algo optimizado y pulido para diferentes navegadores en diferentes dispositivos con diferentes tamaños de ventana (y sin hablar de apps) al empezar una startup. Salvo que sea una capa CRUD sencilla, que entonces quizá. U ofrecer principalmente una API, que entonces es todo mucho mejor.

Igual no me expresé bien allí y el mensaje recibido fue “muerte a toda UI” en vez de “piénsate muy muy muy muy muy bien cualquier decisión que hagas en el frontend”. Y bajo ningún concepto te forkees alguna librería. O lo puedes hacer, pero si me entero de que lo has hecho tras leer esto, si te conozco igual te acollejo hasta que se me duerma la mano.

Lo de que “idealmente la principal interfaz debiera ser siempre una API”, es algo que hoy sólo decimos cuatro colgados. Pero sé que ese día cercano (si no es ya), en el que hayan desplegados más (micro)servicios, agentes de IA o dispositivos IoT que usuarios conectados a internet, vendréis llorando de vergüenza a darme la razón.  Echadle un ojo a este banco construido sobre una API (y no al revés). Canela fina.

Finalmente, pensaba en esto hace poco cuando valoraba invertir en una startup. Sin dar mucho detalle, están en el sector del marketing online… pero para mostrar sus datos tienen una GUI con las típicas tablas y gráficos, mientras que su principal competidor te lo guarda todo en tu cuenta de GoogleAnalytics. En igualdad de condiciones y sabiendo que solventan el mismo problema, ¿cuál de las dos podrá desarrollar su producto más rápido?

(2) Instrument your UX to get millions of events/mo

Yo pensaba que lo petábamos analizando varios millones de eventos al mes, hasta que Xavi y Gabi me contaron sus magnitudes. En resumen: éramos unos mindundis. Y realmente, si se organiza uno bien, no es tan complicado analizar miles de millones de eventos al mes.

Nosotros empezamos tarde a guardar tanto evento, y tardamos mucho más en tener una visión completa. Hay una diferencia muy grande entre querer saber qué porcentaje de usuarios integraban un servicio, entre saber qué % de funnel completion tiene cada servicio, y entre saber que apenas nadie llegaba a usar Stripe porque el primer batch download tardaba minutos (y los usuarios pensaban que nuestro pato estaba roto y se iban).

Idealmente, ligaría además todo evento en el servicio siempre que sea posible a acciones de negocio (en el fondo, queremos que lo usen para que nos abran la cartera, ¿no?).

Y para el que no sepa por dónde empezar, dos briconsejos:

  1. Para ir bien, una métrica razonable es gastar en analítica al mes lo mismo que el salario medio.
  2. Si no sabes por dónde empezar, arranca con Segment + Amplitude + Metabase.

(3) Raise your price. Leverage your price elasticity

El Valhalla del SaaS está lleno de gente que creía que cobrando de media $30 al mes y sin comerciales podrías tener una villa en una urbanización privada y un Lamborghini amarillo. Habréis adivinado que yo estaba en ese grupo de gilipollas. Si también os afecta, podéis estar tranquilos porque se cura.

Ahora ya no estoy en ese grupo. En mi experiencia americana trabajando para una empresa seria que vende SaaS a gente seria, estoy aprendiendo algo importante: si algo no falta en este mundo, son empresas grandes con problemas y dinero para solventarlos. En serio, un manantial que no se acaba. El mundo está lleno de gente que ve razonable llevar camiseta en día laborable, y para compensar, de empresas con más dinero que problemas.

Principalmente esas mismas empresas desconfían de las que cobran poco. Y atención, que con esto lo váis a flipar: el que decide comprar algo no lo paga de su bolsillo. ¿Cómo te quedas? Así nunca le preocupará si el precio es $29, $99 o$499. No tiene el concepto de “caro” o “barato” para magnitudes tan pequeñas. Pero le preocupará saber si os puede referenciar para que los de InfoSec de su empresa le echen un vistazo al producto, porque igual se parten la caja al ver que sólo hay forma de loguearse en vuestro servicio con user/passwd.

Si queréis grauzjáquin de ventas probad este experimento: permitid que IdPs se puedan conectar a vuestro servicio, que un abogado que sepa os redacte un privacy policy que añadir al footer, y luego enlazad ahí también a una página dedicada a explicar vuestras medidas de seguridad con un punto especial dedicado al tratamiento de datos. Grauzjáquin del que funciona… y no del de esas tontopolleces que leéis en Medium.

Finalmente algo de sentido común: es más rentable vender a 1 cliente algo por $3.000 que a 100 cobrando $30. Nosotros lo descubrimos justamente el día en que un cliente (de Dubai, como todos los grandes clientes) de alguna manera entendió que el precio era $3.000/mes (y no $30) y nos los quería transferir. Hicimos el pardillo hasta ese día.

(4) Hijack a painful step in an existing process

¿Quieres reducir el churn? ¿Subir el ARPU? ¿Esquivar ese Valhalla? Pues entonces más vale que solventes un problema doloroso. Algo que haga que principalmente se deje de perder dinero o tiempo. Y salvo en casos muy muy muy concretos (como monitorización para equipos de soporte o “war rooms”), nadie necesita dashboards en tiempo real. O dashboards a secas.

Nosotros esquivamos casos de uso de nuestros usuarios (algunos nos pagaban y no usaban nunca la GUI!!!) por empujar el modelo dashboard. Error. Error que además veíamos con datos.

Así que hoy sin duda, recomendaría meterse dentro de un proceso existente y doloroso.

¿Recordáis las empresas que os comentaba en el punto 1? Cuál tendrá menos fricción para conseguir stickyness: ¿aquella que guarda sus datos en GoogleAnalytics (que es dónde vive la gente de marketing), o aquella que les muestra los datos en otra interfaz?. Otra interfaz que tendrá que permitir exportar esos datos, para masajearlos a mano, para mezclarlos con los mismos que tienes y necesitas en GoogleAnalytics.

(5) Don’t touch a bad customer even with a 10ft pole

Si vuestro abogado os ha redactado unos TermsOfService majos para SaaS, probablemente habrá una cláusula que diga que podéis suspender a cualquiera el servicio preavisando con 30 días.

Cuando un cliente de Canarias os pida que le hagáis una factura especial (aka, a mano) con IGIC para sus $9 (sí, 7 euros con algo) de gasto al mes, no dudéis en enviarle un permalink a esa cláusula. O cuando tengáis cheaters, que es habitual. Gente a la que si cobras por dashboard, pone cientos de widgets en uno y se queja del rendimiento del frontend. O se monta un bisnes sobre tu negocio y se pone a exigir features (como buen cliente de $29 al mes) con malos modos. O impresentables que conociendo al equipo no dudaban en subir quejas en tuister empezando con un “.@ducksboard”.

A todos esos, puerta.

(6) It’s better to be loved by 10 than to be liked by 1000s

Los años y las canas me han hecho enamorarme de los nichos. Tras emperrarme en Abiquo en construir plataforma en vez de solución final (vale para todo!! no vamos a cerrarnos puertas!!) me prometí que nunca volvería a enfocar una empresa igual. Luego fue Ducksboard más de lo mismo (todo tipo de integraciones para todas las empresas!!). Meh

No cometáis ese error. Es más sencillo empezar en un nicho e ir capturando verticales cuando los tengas dominados, que empezar con una plataforma que “vale” para todo y para todos. Sin ninguna “persona” sobre la que enfocar producto. Ni mercado definido al que dirigirse. Ni profundidad por desconocimiento de ambos. Ni competidores claros para ser comparado.No habrá una tercera vez. Palabra.

Y poco más.

Javier Alonso sketcheó mi charla, y esto será lo único que quede compartido de la misma.

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Un asistente ya ha comprado los dominios. Ojalá su becario pueda ir el año que viene a la #TarugoConf a contar cómo lo están petando.

 

Hoy hace 10 años que se constituyó “Soluciones Grid SL”. Así que toca agarrarse a la silla para y arrancar un viaje nostálgico, que no habrá mejor día para repasar muchos de los errores que puede cometer cualquier irresponsable que funde una startup de tecnología compleja con 23 años. Obviamente, Xavi estaba conmigo el primer día, pero no hace falta que os garantice que el responsable de la mayor parte de los desaciertos (por no decir otra cosa) fui yo.

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Xavi y yo, cuando apenas íbamos al médico

La razón social era Soluciones Grid porque no quería pasarme la vida deletreando ThinkInGrid. Más allá del error de pasarse días peleando por escoger un nombre, el grave es acabar escogiendo uno relacionado con la tecnología usada. Y hablando de constituir la sociedad, nada como dividir equitativamente teniendo responsabilidades e inversiones diferentes. Y si queréis un doble mortal, sumadle el desconocimiento (e incluso la vergüenza de plantear un pacto de socios). La juventud es lo que tiene. No seáis jóvenes. O gilipollas, que es lo mismo.

521994684_a04dcdb6a1_oEmpezamos con la idea sencilla de crear una plataforma para facilitar el desarrollo de aplicaciones de cálculo intensivo. Esto ahora parece innecesario, pero hace 10 años nadie te alquilaba recursos así que lo normal era hacer desarrollos a medida para ejecutarlos sobre un clúster. O incluso sobre un supercomputador, optimizando para pagar el menor número de horas posibles.  El bisnes lo vimos claro desde el grupo de investigación de la universidad que nos unía a todos: “haremos una versión mejor para los clientes existentes y además les podremos vender soporte”. Lo malo es que en ningún momento se me ocurrió plantearme si aquellas empresas que iban a la universidad a contratar investigación (bien por necesidad real, bien por subvenciones) firmarían nada con cuatro chalados instalados en un sótano-trastero.

Así que en vez de preguntar a los clientes *antes* de constituir la sociedad si se vendrían con nosotros, lo hice después. Y allí estábamos, en esa oficina internamente conocida como “el foso”, sin ninguna estrategia ni objetivo. Tocaba hacer lo que todo emprendedor que viva en Cataluña ha de intentar alguna vez en su vida: venderle algo a LaCaixa.

Y allí que me fui, a intentar convencerles de que sabía yo más de su negocio que ellos y de que con computación intensiva iban a ser capaces de estimar mejor el riesgo de sus hipotecas. Allá por el 2006 lo de medir mejor el riesgo no les interesaba mucho, pero si les llevaba de la mano a parejas con las condiciones necesarias para hipotecarse me prometieron pagarnos unos buenos dineros. Así que entre coger billetes a dos manos o revolucionar el mercado de la computación distribuida enfrentándonos a IBM con 12k euros en el banco, escogí mal. No sería la primera vez.

Tras varios meses de desarrollo, tocaba probar el prototipo. Y comparamos cuanto nos costaría migrar un proyecto construido en 3 meses por un equipo a media jornada. Tardamos 45 minutos. Y empecé a darme cabezazos contra la pared pensando: “es tan perfecto que no vamos a poder cobrarle horas de consultoría a nadie”. Un drama.

Pasaron meses complejos de peleas internas (nada es más nocivo que no tener un objetivo) hasta que el mismo día en que decidí bajar la persiana y repartirnos las sillas conocí a Jesús Monleón. Y que nadie me pregunte si él ha sido más decisivo en mi vida que Marta, que igual dudo. Por algún motivo lo que hicimos le llamó la atención y decidió ayudarnos a buscar financiación.

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“Mariño: focus, focus, focus”

Obviamente, ninguno de los pocos fondos que había aquel entonces entendía a aquel colgado que pretendía vender “un framework y un middleware”. Por lo que para poder sobrevivir cerramos una primera ronda con Jesús y Helena. A valoración 100k post. Habéis leído bien. Y a pesar de lo ridícula que suena hoy esa cifra (e incluso en 2007), fue de las pocas decisiones inteligentes que tomamos: nada como en fases iniciales poder sumar a gente con conocimiento y que confiaba (casi ciegamente) en nosotros.

Jesús trajo el principal giro estratégico de la empresa: “los chinos os van a copiar el software y el dinero se hace vendiendo a volumen, así que vamos a intentar meterlo en cacharros”. La idea no estaba mal… pero llegamos 10 años pronto al internet of things. Lo de llegar pronto a los sitios nos pasaba mucho. Lo mismo nos prototipábamos un Dropbox que un IFTTT. Y de pensar en la ubicuidad de desplegar software, acabamos cambiando el nombre a Abiquo.

Como éramos unos incomprendidos en España, dimos el salto al extranjero. Y más que salir a vender, salimos a gastar. Y en Cambridge, nos alquilamos la primera oficina que tuvo Xen (bendita superstición). Y el principal recuerdo que guardo es que la compartíamos con un chico que había contratado un programador chino que se llevaba el saco de dormir a la oficina por si había que quedarse hasta tarde. Hasta Xavi (que venía de DMR) se sorprendía. Y dando vueltas por allí tras muchas reuniones en las que nos pedían la tecnología bien para meterla en sensores de misiles, túneles o cintas transportadoras, el poco sentido común nos hizo ver que no podríamos en poco tiempo hacer nada tan complejo. Y también ayudó bastante quedarnos sin dinero. Nada ayuda más a priorizar bien que no tener dinero.

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En Milán, infiltrados a la moda para vender cacharros

Por suerte en poco tiempo, además de cerrar una mega-ronda con la CAN, a algún director de marketing se le ocurrió el término “cloud computing” para aglutinar servicios distribuidos. Y allí estábamos nosotros con la tecnología y conocimientos suficientes como para tener una oportunidad. Y cambiamos a la gestión de entornos virtuales. Y decidimos invertir más que nadie en la UI. Y ofrecimos una versión de código abierto. Y creedme si os digo que por el 2009, había pocas combinaciones más potentes para los VCs de siliconválei que opensource+cloud. Potentes hasta el punto de que mi primer paseo en limousina me lo pagaron unos para llevarme a una reunión.

Cometimos muchos errores también. Yo casi lloro de vergüenza recordando el día en que decidimos no estandarizarnos con la API de Amazon y seguir con la nuestra “porque la suya no es tan rica sintácticamente como para encajar en nuestra visión”. Que hubiesen cientos de miles de programadores usándola creo que no lo valoramos lo suficiente. Sintácticamente rica era la paliza que me merecía. Aunque si le preguntáis a Xavi, os diría que a largo plazo fue un acierto.

Pero lo cierto es que durante muchos meses, tuvimos el que era considerado el mejor producto del nicho. Tanto que a principios de 2009 se nos acercó la responsable de corpdev de una gran empresa a tantearnos por 30 millones. Y si estoy escribiendo esto es porque obviamente le dije que no. El número de errores que se puede cometer cuando eres joven no lo guardas en un int32. De aquello aprendí que más que fijarte en el precio de venta, te has de fijar en lo que te vas a meter en el bolsillo. Que sale más rentable 30 en la mano que 100 tras 2 rondas de dilución.

Seguimos sobreviviendo, y mucho de lo que pasó luego está asegurado por un NDA. Probablemente lo más interesante. En poco tiempo vivimos cosas inimaginables. I-N-I-M-A-G-I-N-A-B-L-E-S.

Y tras levantar una ronda, escoger sucesor, y vivir el sueño de demostrar el producto en el stand más grande de la feria más grande del sector, allá por Mayo del 2010 salí discretamente por la puerta de atrás.

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Haciendo demos en la CloudExpo y cogiendo leads a dos manos

10 años ya. Ojalá tengáis todos socios como Xavi o Helena. O nuestras ganas de sobrevivir. O lleguéis a ganaros el respeto de Monleón 🙂

Me desayuno los chocokrispis leyendo una discusión de otros camaradas sobre este artículo de ElConfidencial, en el que cuentan cómo los comerciales de las empresas de comida a domicilio de España se pelean entre ellos. Tras unos momentos de perplejidad intenando entender la situación (“¿por qué quitar pegatinas si el cliente no las ve desde su casa?”, “¿qué métrica relacionada y fiable pueden reportar?” o “¿no es triste tener que ir de noche a quitar a escondidas pegatinas en los bares para que tu jefe reconozca tu trabajo?”), me doy cuenta de que se me ha acabado el tazón y me pongo otro.

Este segundo lo paladeo ya delante de hackernoise, y allí me encuentro un post denunciando las prácticas virales de una nueva startup llamada YayView. Lectura recomendadísima. Toda una recopilación biblia de darkpatterns, ejecutada sin el más mínimo reparo. Y supongo que presentando como resultado unas métricas verticalmente asintóticas. De esas que a ti, a mí y a los de las pegatinas nos gustaría tener. Y reportar.

Y me acabo el desayuno pensando que a Jobs gracias nunca he tenido que hacer algo así. Que en este tablero B2B en el que siempre he estado, estas jugadas a ese nivel no son necesarias. Y por otro, que este tipo de conocimientos previos, antes de llegar al mundo de negociar MSAs, POs y demás artefactos pues igual no vendrían mal. O vendrían muy bien.

Pregunta seria… Sin obviamente entrar a trabajar para una empresa B2C, ¿dónde se puede aprender todo esto?

 

 

Hace unos días Marta estaba revisando documentación de Ducksboard, y volvía a insistir por enésima vez en lo mismo:

Deberías quitar de tu “bio” lo de “Dropped out of Computer Science, a Bach. in Business Administration and an MBA”.

Los motivos son imaginables: “quien lo lea va a creer que no tienes constancia, que eres incapaz de acabar todo lo que empiezas”. Cada vez que escucho algo así sonrío interiormente, y pienso que gracias a este humilde blog queda demostrado lo contrario. En video incluso. Quizá no acabase el MBA, pero me saqué un Máster en Supervivencia hasta conseguir hacer algo rentable de una visión. Falta de constancia dicen. Ya.

Pensaba en ello estos días, dado que en unas horas nos adentraremos en esa parte llamada “trough of sorrow”. El gráfico muestra lo que Paul Graham viene a llamar “The Process” o “The Startup Curve”. El eje de abscisas es tiempo, y el de ordenadas tanto puede ser visibilidad como ánimos.

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En nada acabará el periodo de prueba para miles de nuestros usuarios, y en los próximos días nos dedicaremos a apagar servidores, comprobar que el ratio de conversión va a ser más realista (ergo peor) que el planteado, reunirnos para hacer un listado de errores y propuestas de mejora por prioridad… Por suerte sabemos que este negocio, igual que cualquier otro, va de picar piedra todos los días. Y que hay que luchar sin cuartel por cada cliente de 20 euros… Se hace raro que tener esto claro marque una ventaja competitiva.

Los sentimientos de este proceso los explicaba muy bien Jason Cohen hace unos días:

What was going on during those first six months? Was the future bright and shiny even when there was no impressive customer curve? When half the customers were just personal favors called in and new signups didn’t happen daily?

Or was it barely-controlled chaos, not able to sleep at 2:43am for worry about how to make payroll in seven months or whether the numbers would look good enough by next spring to raise another round? Unsure which products to double-down on and which to kill, and worried the wrong choice would tank the entire company? Staying bright and cheery on the outside for the press, customers, and even employees but with Damocles’ Sword hanging overhead?

En esas nos adentramos. A sacarnos otro máster en supervivencia. Ojalá sean sólo 6 meses.

El segundo es el primero de los perdedores.
Ayrton Senna 

Con esta frase en la cabeza, me hice ayer un paseo de algo más de 10 km. Pegándole patadas a las piedras y reflexionando. Quedamos segundos en nuestro slot del Under the Radar. Según se mire, todo un éxito. Que una panda de norteafricanos se planten en el centro de SiliconValley sin apenas contactos, y consigan quedar segundos en un concurso de su sector, es algo digno de mención. Además, sólo se iba con la intención de darnos a conocer, de hacer demos a prescriptores y de hablar con algunos fondos. Pero, personalmente, no me gusta perder ni a las canicas. Y aunque nadie me haya pedido traer esta victoria a la oficina, llevaba semanas enfrascado (¿obsesionado?) con este tema.

He visto multitud de videos de presentaciones de los competidores, algunas en directo inscrito de forma anónima. He repasado estrategias, currículums, backgrounds… He preparado el pitch con diferentes versiones ante diferentes personas. Incluso, he testeado cómo meter “puñaladas” al resto de forma polite (y a fe de gentilhombre, que no me ha temblado la voz al introducir un palmo de acero en sus costillas ante 400 personas). Y en los últimos momentos, hasta he invitado a copazos a algunos miembros del jurado. Y nada. Segundo lugar. Encabezando la lista de perdedores.

A algunos les servirá como excusa que nos hayamos enterado en el último momento de que las votaciones se hacían por SMS a un número americano. No sé si es excusa, pero es algo que sin duda ha influido. O ha influido del todo. De todos modos, a mí no me vale. Uno ha de trazar sus estragias dominando la situación. O como me suele repetir Jesús: “las negociaciones siempre se ganan antes de sentarse en la mesa”. Da igual lo que pase. Precisamente se ha de trazar una estrategia pensando en eso, en que da igual lo que pase. Con sobreesfuerzo y sobreplanificación, no hay excusas para no comerse el mundo.

Personalmente, creo que sólo nos falta un punto para tocar el cielo. El “momentum”. No sabría como definirlo exactamente… El punto en el cual hay una fuerza multiplicadora que te lleva en volandas a tu objetivo. A partir de ese momento, poco importa lo que hagas. Su fuerza de desplazamiento es superior a toda resistencia. Es el momento en que las descargas se multiplican exponencialmente, la gente empieza a crear proyectos con tu herramienta, la comunidad se llena de colaboraciones, llueven partnerships por mail, y hay inversores acampados en la puerta de la oficina para no perder su oportunidad. Algo así 😉

Por tanto, en vez de quedarme bajo la manta relamiéndome las heridas, hoy me he propuesto rehacer toda la planificación estratégica de los próximos meses, para conseguir tener “momentum” antes de verano. Aunque llevemos últimamente un ritmo asombroso, todavía podemos apretar mucho más el acelerador. Sólo hay un objetivo: ser los primeros, la referencia. Lo demás no me sirve… no debiera servirle a nadie. Y a fe de gentilhombre que lo vamos a conseguir.

Siempre he creído que un curriculum debe ser sucesión de historias de las que sentirse orgulloso. “Mientras estuve ahí hice esto, y fue la leche. O mejor incluso”. No sé por qué, dado que leí a Weber demasiado tarde. Suelo decir que no hago mas que recopilar historias con las que entretener a mis nietos, pero en el fondo soy consciente de que algún día, con el tiempo corriendo en contra, tocará echar la vista atrás y hacer balance. Ese día, supongo, me sentiré mejor si consigo tener las alforjas cargadas de historias interesantes que si las tengo de records al buscaminas.

Por otro lado, entiendo que la capacidad productiva conlleva una gran responsabilidad. Al estilo Peter Parker. Uno es libre cuando puede decidir con quien se toma un café o a quien le escupe en la cara. Pero también cuando decide quien quiere que se beneficie del fruto de su esfuerzo. Por ejemplo, llevo tiempo negándome a visitar a una empresa en la que los dueños son unos hijosdelagranputa. Es posible que nos compren un proyecto, pero me niego a enriquecer a según quien con nuestro trabajo… Empiezo a entender por qué se cree que esto de la ética es cosa de ricos 😀

Pensaba hoy sobre todo esto, cuando Marta (al fín) ha decidido dejar su empleo. Burocracia pura. Es un paso arriesgado (especialmente con la tormenta económica que se avecina). Pero la vida hay que vivirla. Y no conozco a nadie que siendo honesto y trabajador haya acabado mal. Alguna forma de salir adelante encontraremos.

Por cierto; si alguien la quiere contratar, puede empezar a negociar conmigo 🙂

Por circunstancias de la (puta) vida, durante una temporada me toca responsabilizarme de una “empresa tradicional”, en un “sector tradicional”, con una forma de trabajar… tradicional.

No llevo mucho tiempo, pero ya tengo experiencias para reflexionar en varios posts. Por lo que he podido ver, Marx sigue vigente. Algunos mundos se dividen en trabajadores y propietarios de medios de producción. Acostumbrado al mundo “pijo” de IT startups, en el que el principal recurso productivo es el cerebro de cada trabajador, este cambio se me hace un mundo. Trabajadores que te llaman “jefe”, proveedores que te hacen la pelota, clientes a los que has de pelotear, pagarés, cheques, albaranes… Nada que ver con la computación distribuida 🙂

La gestión es más sencilla, pero no me adapto. Tengo tentaciones de [mal]vender la empresa a los empleados, porque, sinceramente, no aporto valor y hago el mismo papel que un banco: adelantar dinero para inputs y encargarme de que se cobran los outputs.

Lo primero que he hecho (como buen liberal semleriano) ha sido dar más autonomía a los trabajadores y han respondido de forma excelente. Iré informando al respecto 🙂

Hoy Ramón nos ha llevado a comer con otros socios suyos para ponernos a prueba. Lo bueno de tener un currículum que cada vez que se imprime reduce en gran medida la masa forestal del amazonas (sí, es peloteo), es que por el camino te has creado una red de contactos llena de gente inteligente. Sus socios nos han puesto a prueba y, cómo es lógico esperar, hemos suspendido.

Más que un elevator-pitch tenemos un coffee-pitch. Ya lo hemos reducido desde el "sobremesa-pitch" original. Pero hay que seguir trabajando en él.

Mi sponsor oficial (ergo, mi padre), hace días también puso a prueba nuestro speech:

  • … Si digo que has montado una empresa me preguntan de qué. Y no sé que contestar.
  • Es sencillo: nosotros hemos creado unos programas que se instalan en ordenadores de todo tipo y controlan el uso de los recursos, software o hardware…
  • ZZzzZZzz
  •  …Y entonces hay unos agentes de inteligencia artificial que interactúan entre ellos…
  • ZZZZzzzzZZZZzzzz
  • … Y así conseguimos segmentar el mercado …
  • ZZZZZZzzzzzzZZZZZZzzzzzz
  • … Queda claro, ¿no?
  • Entonces, ¿qué les digo?
  • Que he montado una empresa de informática.

 La solución que propone Ramón es bastante salvaje: probar con gente de la calle al azar. Así que en breve nos podréis encontrar paseando por Las Ramblas explicando a turistas lo que es el Grid Computing.

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