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Hoy es 7 de marzo. A algunos no les dirá mucho esta fecha, pero en mi lista de efemérides hoy ocurren dos cosas importantes: Aitor entra en el aburrido y poco selecto club de los 30añeros (jódete :D), y hoy hace diez años que cambié Java por el Excel… Así que en tan señalada fecha rememoremos la historia del día en que cambió mi futuro para acabar siendo eso que llaman empresario. (more…)

Hoy el día ha empezado de forma especial. He parado a buscar a Aitor a su hotel. Y juntos nos hemos ido a trabajar… a trabajar.

Nos conocimos hace muchos, muchos años. Cuando internet era un sitio serio, y eresmas no había empezado a regalar cd’s de conexión con las cajas de cereales. Recuerdo que la primera vez que nos vimos, íbamos tan enfrascados hablando, que nos pasamos varias paradas de metro. Luego vinieron las borracheras, el acompañarlo a clases en la universidad mientras yo hacía campana en el instituto, los “mañana se lo digo”, los campeonatos de Worms, el virus Doraemon, salir de gualtrapas en plan mojabragas, el cuello de Ali, las peregrinaciones de rodillas a portales, el quemarme (literalmente) la xbox, bailar country, el “ponte chaqué en mi boda, cabrón, que serás el padrino”, las partidas de trivial con la enciclopedia en la mesa, las cenas a base de pizza descongelada y cocacola caliente, subirnos en la cesta de MyLittlePony en la noria del toys’r’us… una relación intensa hemos tenido 🙂

Que un amigo deje su trabajo seguro, su ciudad y se una a la aventura confiando en lo que le cuentas, es un motivo de orgullo. Mucho más que otras cosas que pueda haber conseguido.  Muchísimo más. Faltan negritas para remarcar todo el orgullo que siento.

Así que no nos pierdan de vista. Desde que se creó la revista Orsai, ninguna pareja bien avenida pudo intentar llegar tan lejos partiendo de tan poco.

Gracias, amic.

[UPDATE]: Otro amigo me hacía una reflexión al respecto: ¿cuánta gente conoces que pueda ser merecedora de un post así? Ojalá lo seamos todos. Food for thought.

Por circunstancias de la (puta) vida, durante una temporada me toca responsabilizarme de una “empresa tradicional”, en un “sector tradicional”, con una forma de trabajar… tradicional.

No llevo mucho tiempo, pero ya tengo experiencias para reflexionar en varios posts. Por lo que he podido ver, Marx sigue vigente. Algunos mundos se dividen en trabajadores y propietarios de medios de producción. Acostumbrado al mundo “pijo” de IT startups, en el que el principal recurso productivo es el cerebro de cada trabajador, este cambio se me hace un mundo. Trabajadores que te llaman “jefe”, proveedores que te hacen la pelota, clientes a los que has de pelotear, pagarés, cheques, albaranes… Nada que ver con la computación distribuida 🙂

La gestión es más sencilla, pero no me adapto. Tengo tentaciones de [mal]vender la empresa a los empleados, porque, sinceramente, no aporto valor y hago el mismo papel que un banco: adelantar dinero para inputs y encargarme de que se cobran los outputs.

Lo primero que he hecho (como buen liberal semleriano) ha sido dar más autonomía a los trabajadores y han respondido de forma excelente. Iré informando al respecto 🙂

Hace muchos años, en un pequeño pueblo cercano a Logroño, una niña de 11 años decidió crear su propia empresa. Harta de jugar con un Quimicefa heredado, que a duras penas conseguía aumentar con instrumentos de segunda mano obtenidos de la empresa familiar, pensó que podría fabricar productos mejorando las fórmulas de un viejo libro de química. Lo vendería, y con lo que ganase se iría montando su propio laboratorio. De este modo, la buhardilla de su casa se convirtió en la sede social de “Laboratorios Marty’s”.

No tardó mucho en darse cuenta de que necesitaba dinero para comprar los primeros activos, por lo que emitió participaciones sociales que vendía a 100 pesetas a familiares y compañeras de clase. Estas participaciones (realizadas en Publisher e impresas a todo color) ofrecían unos dividendos garantizados y la posibilidad de visitar la sede social para observar in-situ como se realizaban los productos.

El primero de ellos fue una crema de manos anti-picaduras. Su demanda pasó sin pena ni gloria en las veladas familiares, por lo que se vió obligada a obtener ingresos extrafuncionales (principalmente pirateando CD’s de Mónica Naranjo) mientras mejoraba la fórmula de un nuevo producto: sales de baño. Con el flujo de caja de caja generado pudo invertir en crear el producto más exitoso de la compañía: bombas fétidas. El exceso de demanda de las bombas, le forzó a mudarse a una sede nueva en el garaje de casa.

La compañía crecía (cada vez más personas estaban interesadas en comprar participaciones a 100 pesetas) hasta el punto de hacerla inmanejable. En una época en la que las comunicaciones on-line eran casi inexistentes, la tarea de imprimir las cuentas anuales, ensobrarlas y enviarlas a los accionistas era lenta y aburrida. Por lo que decidió liquidar la empresa. Tres años después de haberse creado, “Laboratorios Marty’s” cerraba sus puertas ofreciendo unos suculentos beneficios a todos los inversores y llevándose ella 14 12.000 pesetas de beneficio. 14 12.000 pesetas que fueron invertiras en la compra de un disc-man.

Años más tarde, se matricularía en una escuela de negocios. Allí se unió a la junior-empresa, en la que un barbudo adicto a los golpes de estado internos que ahorraba para montar una empresa de computación distribuida, intentaba convencer al mundo de que la consultoría debía ser un servicio artesanal y que la principal ocupación de un jefe era generar entusiasmo. Le debieron gustar las ideas, porque entre ambos formaron un tándem (ella trabajaba y él se llevaba el mérito) que en un año llevó a esa junior-empresa de la cuasi-mendicidad a beneficios de muchos ceros.

Un buen día, pensaron que si servían para reflotar empresas también podrían compartir su vida. Él (ultraliberal y pragmático), no ve sentido a firmar contratos bajo la supervisión del estado u organizaciones religiosas. A pesar de ello, ha aceptado casarse (con corbata y por la iglesia) el año que viene.

Y colorín, colorado… aquí queda anunciado 😛

PD: Marta, suma esto como regalo de Reyes 😀

[UPDATE:] Me futuro cuñado me hace llegar uno de los últimos vestigios de tan próspera empresa. Todo un ejemplo del branding casero 😉

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