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Hoy el día ha empezado de forma especial. He parado a buscar a Aitor a su hotel. Y juntos nos hemos ido a trabajar… a trabajar.

Nos conocimos hace muchos, muchos años. Cuando internet era un sitio serio, y eresmas no había empezado a regalar cd’s de conexión con las cajas de cereales. Recuerdo que la primera vez que nos vimos, íbamos tan enfrascados hablando, que nos pasamos varias paradas de metro. Luego vinieron las borracheras, el acompañarlo a clases en la universidad mientras yo hacía campana en el instituto, los “mañana se lo digo”, los campeonatos de Worms, el virus Doraemon, salir de gualtrapas en plan mojabragas, el cuello de Ali, las peregrinaciones de rodillas a portales, el quemarme (literalmente) la xbox, bailar country, el “ponte chaqué en mi boda, cabrón, que serás el padrino”, las partidas de trivial con la enciclopedia en la mesa, las cenas a base de pizza descongelada y cocacola caliente, subirnos en la cesta de MyLittlePony en la noria del toys’r’us… una relación intensa hemos tenido 🙂

Que un amigo deje su trabajo seguro, su ciudad y se una a la aventura confiando en lo que le cuentas, es un motivo de orgullo. Mucho más que otras cosas que pueda haber conseguido.  Muchísimo más. Faltan negritas para remarcar todo el orgullo que siento.

Así que no nos pierdan de vista. Desde que se creó la revista Orsai, ninguna pareja bien avenida pudo intentar llegar tan lejos partiendo de tan poco.

Gracias, amic.

[UPDATE]: Otro amigo me hacía una reflexión al respecto: ¿cuánta gente conoces que pueda ser merecedora de un post así? Ojalá lo seamos todos. Food for thought.

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