Fijarse el salario
Vuelvo a las andadas con la idea disruptiva de autofijarse el sueldo. Copio (again) unos párrafos de "El fin de semana de 7 días" de Semler.
Posiblemente, la iniciativa más controvertida de Semco es permitir a sus empleados fijar sus propios salarios. Los "expertos" rápidamente sacarán a relucir su estrecho conocimiento de la condición humana, bajo la asunción de que la gente, obviamente, se fijará el salario más alto posible. Es el mismo argumento que oímos sobre fijarse su propio horario en un "fin de semana de siete días". La primera idea que viene a la cabeza es que la gente vendrá lo más tarde o lo mínimo posible. Y esa nunca ha sido nuestra experiencia. Igual que con los salarios autofijados.
¿Qué determina cuál es el salario adecuado? Para mí, hay cinco puntos: tres que conoce la empresa y dos el empleado. Y se necesitan los cinco para tomar la decisión adecuada.
En primer lugar, la empresa tiene acceso a multitud de encuestas sobre salarios, que recogen cuánto se gana en otras por hacer el mismo trabajo. En segundo, la empresa conoce lo que ganan todos sus empleados, lo que permite que se puedan hacer comparativas internas. Finalmente, la empresa conoce si en base al producto, servicio, o las actuales condiciones de mercado se puede permitir salarios por encima o por debajo de la media.
Los empleados, por otro lado, conocen dos cosas que la compañía no: cuánto les gustaría estar ganando en este punto de su carrera, basándose en lo felices que son con su trabajo y con el equilibro familiar, y cuánto sus parejas, vecinos o antiguos compañeros de estudios ganan a final de mes.
Dándoles los tres primeros, tenemos empleados con todos los criterios que necesitan para tomar una decisión racional. Distribuimos copias de estudios de mercado para que sepan cuánto se cobra trabajando para nuestros competidores, también les mostramos cuánto gana todo el mundo (del CEO a conserje), y abiertamente presentamos y discutimos los resultados y expectativas de la empresa.
En algo más de 15 años, podríamos contar con los dedos a la gente que se fijo un salario demasiado alto. De ellos, la mayor parte tenían razón, y acabaron consiguiendo ese salario fuera de nuestra empresa.
Esta idea viene ampliada, en un artículo de la Harvard Business Review (sep/oct, 2000): "How we went digital without a strategy". En ella se recogen las diferentes opciones sobre las que puede uno fijarse el sueldo:
1. Fixed salary
2. Bonuses
3. Profit sharing
4. Commission
5. Royalties on sales
6. Royalties on profits
7. Commission on gross margin
8. Stock or stock options
9. IPO/sale warrants that an executive cashes in when a business unit goes public or is sold
10. Self-set annual review/ compensation in which an executive is paid for meeting self-set goals
11. Commission on difference between actual and three- year-value of company
Obviamente, permutaciones de todas estas posibilidades son aceptadas. Tal y como reconoce Semler "We’ve found that by being flexible about rewards, we encourage our employees to innovate and take risks. In the end, people understand it’s in their best interest to choose compensation packages that maximize both their own pay and the company’s returns."
Los perspicaces habrán notado que no he mostrado ninguna opinión en este post. Y no porque no las tenga... es porque espero las vuestras ;-) ¿Es una salvajada o es sentido común? ¿Sería válido para todos los niveles (del CEO al consejere)? ¿Creéis que el coste salarial sería superior aplicando este modelo?
Sientánse libres de opinar...
Redesigning the sustainable workplace
Lenin’s and Stalin’s form of communism is gone, yet its trappings have been expropriated by mega-corporations. We have companies featuring central planning by troikas, mission statements crafted by apparatchiks, five-year plans, no right to choose leaders in companies, no democracy in the workplace, a clear distinction between intelligentsia and peasants (top CEOs make 152 times the median salary and enjoy company dachas, jets, and limos), and state monitoring (time clocks, dress codes, drug screening, “employee assistance” plans, e-mail monitoring, no smoking, and other personal conduct rules, as well as family-life audits). Technology hasn’t freed more time for leisure. On the contrary, it has eaten away at the weekend and left it devoid of the power to restore strength and happiness to the souls of those who toil.
Global companies don’t practice democracy. You might argue that the shareholding structure is democratic, that each share contains the right to vote in an annual assembly of investors. But that’s not democracy, and you can tell by sitting at a shareholder’s meeting—just look at management’s grip over companies, the board’s lack of small shareholder representation, and the dictatorship of stronger investors over weaker ones. Add to that all the family businesses and companies that have one majority partner each, and you’ve got an overwhelming number of organizations that dispense with democracy as an unnecessary and senseless constraint. In its place, a structural hybrid has taken root that mutated out of the crossed genes of war and of twentieth-century totalitarianism.
Global capitalism today fits Winston Churchill’s view on democracy: It’s the worst system, except for all the others. But that’s hardly reassuring. As a consequence, the number of poor people in the world is increasing steadily, despite constant increases in GNP and lip service about the benefits of globalization and shared wealth. I believe the time for organizations designed on the twentieth-century model is over, especially those based unknowingly on the Communist or military models. Redesigning the sustainable workplace for the twenty-first century means letting in fresh air and giving up control.
That’s easy to say, and hugely difficult to do. Asking why is terribly distracting for most CEOs. Managers aren’t looking for ten or twenty-year change programs—they want simple, objective goals: profit, growth, healthy quarterly reports, trained people, orderly markets, competitive advantage. Until these organizations face reality, give up the futile quest for control and begin to respect such concepts as workplace democracy, the need to question everything, and the search for a more balanced existence, even the most modest goals will be beyond reach.
Semco’s case history and its consistent performance ($100,000 invested in Semco twenty years ago would now be worth $5.4 million) vouches for our financial success. If this book has planted the smallest seeds of doubt in anyone inclined to be wedded to the past, and more substantial kernels of hope in those actively looking for a better way, writing it will have been worthwhile. Readers who are not managers may be intrigued with what they find here, but I fear that many will be frustrated because they won’t believe it applies to them. Adopting the Semco way seems out of reach; they have no power.But they are wrong.
We all have enormous amounts of latitude, be it with our children, in social gatherings, or at work. Ideas underpinned by values are living things and forces to be reckoned with. Let’s apply them to the workplace too. Let’s understand and reject the temptation to bow to the command-and-control legacy. People who trade rush hour for idleness or who think about what they are doing in a new light—in other words, people who start living a seven-day weekend—can make a dramatic difference for themselves as well as for others. People who have two employees working for them can change two, five, or ten lives. That’s a lot of significant, sustainable change.
I remember reading about a company where employees came up with practical solutions to a difficult situation. The director exclaimed: “Ah, I can see you’ve come up with a plan that works in practice…. But will it work in theory?” Good question.
Ricardo Semler - The seven-day weekend
Enterprise 2.0: Knowledge management
Buceando por ahí, me encontré con estas presentaciones de T-Systems la mar de interesantes. Dado soy un hombre terriblemente ocupado... no comentaré nada al respecto. Esperemos unos días, y tendremos las reflexiones de Raúl y Ángel, como viene siendo habitual ;-)
Netflix y su cultura
Dejo caer esta presentación para que la paladeéis con ganas este Agosto. Se agradece ver que uno no está solo por estos mundos.
Re-reflexionando
Los habituales ya sabéis que estamos pasando por el cambio de inflexión de start-up a empresa. Realmente no debiera haber ninguna diferencia sustancial, excepto la profesionalización. Se acabaron los tiempos del "pedir perdón por ser una start-up". Este mes ya pagaremos 12 nóminas (2 de las cuales son perfiles senior), y si nuestro plan se cumple (aunque todo indica que lo superaremos), debieramos doblar la plantilla durante este año. Momentos de sentarse a reflexionar sobre lo que está pasando.
Y en esas estamos. Viviendo los cambios. Y reflexionando sobre ellos. Yo especialmente con cuidado y ojo avizor. Por experiencia, sé que a medida que las empresas crecen suelen volverse lugares desagradables en los que trabajar. Así que estoy volviendo a los orígenes: re-empapándome del espíritu SEMCO. Echadle un vistazo al manual ilustrado (de supervivencia) que entregan a los nuevos empleados. Si alguno no lo entiende, (no todos tenéis la suerte de ser gallegos :-P), espero poder traducirlo en breve.
Hay una serie de puntos sobre los que considero prioritario reflexionar en todo este proceso:
- Flujo de información: ¿cómo garantizamos que la información y conocimiento generado es accesible para todo el mundo? ¿cómo incentivamos acumular esa información? ¿deben ser considerados algunos asuntos "material sensible"? Durante los próximos meses la plantilla va a estar repartida en 3 ciudades de 2 continentes. Así que este punto es prioritario.
- Jerarquía: el otro día alguien dibujó un organigrama y sentí naúseas. ¿tiene sentido la jerarquía? ¿cómo evitamos que se controle información desde arriba? ¿no es mejor designar "expertos en materias" y reconocerlos como tales? Si el flujo de información jerárquica no coincide con el generado en una situación de emergencia ¿qué hacemos con el organigrama?
- Equipo: Ya hemos vivido contrataciones, dimisiones y despidos. Reflexionemos sobre ello antes de seguir creciendo. ¿Cómo acelerar la atracción de talento? Eso de "contratar lento y despedir rápido" ¿no es un error? ¿no sería acertado despedir más lentamente todavía? ¿qué ocurre con quién ha contatado si alguien de su equipo dimite? ¿por qué se debiera despedir a alguien que un día pasó el visto bueno general? ¿nadie tiene ninguna responsabilidad? ¿cómo conseguimos aumentar el compromiso (y no retener personas)?
Nada... Preguntas que me voy haciendo. Los comentarios interesantes se recompensan con un café :-)
El error D’Artagnan
El error D'Artagnan aparece citado en "El libro negro del emprendedor":
Todos somos iguales, todos para uno y uno para todos. Pues no. Si usted es emprendedor, es que cree en las reglas del libre mercado y en la comptencia. Por lo tanto, no diseñe un sistema comunista en el marco de un sistema de libre mercado donde lo que se prima es el esfuerzo individual.
Sí... un liberal como yo cayó en la trampa. Me consta que no hemos sido los primeros en cometer el error de "si somos n socios, a cada uno le corresponde el 100/n de la sociedad". Ayer, tras 2 años y miles de euros no presupuestados originalmente, pudimos acabar con esta situación (que tambien era una condición de inversores privados para entrar en la sociedad).
¿Por qué se originó esta situación? Principalmente, porque un servidor era gilipollas. Punto. No hay motivo racional para compensar por adelantado, ni para valorar igual esfuerzos y resultados diferentes. De ninguna manera. Nunca. Jamás.
Pero lo hicimos, porque las ganas de que esta empresa saliese adelante fueron superiores a la racionalidad mínima exigida a cualquier gestor. Y la jodimos. Porque hubieron multitud de señales previas que se prefirieron omitir en aras del "buenrollismo". Ejemplos destacados:
- Llegar tarde a *todas* las reuniones preparatorias. Record personal de 9 horas (y sin avisar).
- Irse de vacaciones 3 meses, una semana antes de constituir la sociedad.
- No aportar dinero, pero aparecer periódicamente con nuevos gadgets.
Si ya es jodido complicado levantar una startup, hacerlo en estas condiciones suele suponer la muerte (principalmente por desmotivación surgida por las guerras internas, y por falta de tesorería). Afortunadamente, hemos sido capaces de darle la vuelta a la situación, no sin dejarnos por el camino retrasos y deudas. Pero el futuro pinta más que bien :-)
Si lee este post alguien que se plantee montar una empresa en equipo, sólo puedo darle un consejo:
Repartid las acciones en base a la valoración objetiva de trabajo y aportación económica. Y la valoración más objetiva suele ser la de mercado: ¿cuánto costaría contratar esto? ¿qué descuento por riesgo tendría invertir en este momento?
Es 100 veces más útil acordar esto, que escribir un business plan. Por que lo ideal sería que el día en que se constituya la sociedad el líder/promotor/emprendedor tenga el 99,9% de las acciones, y el resto... un nimio porcentaje y un documento de opciones sobre acciones. Y si alguno se queja, no es de fiar.
En mi vida vuelvo a equivocarme así.
Inversores, plataformas y gestión de la incertidumbre
Ayer tuve reunión con nuestros business angels (sigo esperando permiso para revelar sus nombres). El motivo fue repasar por n-sima vez nuestro modelo de negocio basado en la liberación de nuestra plataforma. Volví a acabar la reunión con el regusto amargo de sentirme incomprendido. Todavía no entiendo cómo conseguimos llevárnoslos al huerto :D
Están trabajando para levantar una ronda internacional. Una ronda de esas con "inversores de verdad". Y tienen la misma duda que tenía yo hace meses: la pregunta clave que toda persona haría antes de firmar un cheque. La diferencia está, en que a mí no me quita el sueño saber cuál será la killer-app que correrá sobre nuestra plataforma. ¿Para qué se va a utilizar en masa? Sinceramente: ni puta idea. Ni falta que hace.
Así que otra vez tocó soltar el discurso de "La innovación es marginal" mezclado con "Gestión de la incertidumbre". Lo estoy convirtiendo en un clásico.
No podemos luchar contra el entorno ni controlar toda la información. Admitámoslo. Por ello, la capacidad que tenemos para predecir con unas mínimas garantías cualquier suceso es mínima. O más bien nula. Tampoco podemos predecir para qué se utilizará nuestra plataforma. Ni en qué país conseguiremos primero una masa crítica de desarrolladores. Pero no es un problema: es mejor tener claro esto y actuar en consecuencia, abriéndose, que realizar erróneas predicciones esotéricas delante de un excel. Aprendamos a surfear sobre la incertidumbre, en vez de naufragar amarrados a los informes de Gartner.
La estrategia a seguir es sencilla: intentar garantizar, al menos, la posibilidad de ser considerados una opción valida en un entorno altamente entrópico. Para ello, unas pocas directrices básicas:
- Código artesano: calidad, calidad y calidad. Cumpliendo además con una serie de premisas básicas:
- Portabilidad: no sabemos sobre qué arquitecturas se ejecutará.
- Escalabilidad: no sabemos cómo se desplegará
- Modularidad: no sabemos qué características serán desechadas
- Mantenibilidad: no sabemos quién desarrollará
- Licencia libre y poco restrictiva: no hemos de interferir, ni mucho menos condicionar, en la integración de nuestro producto con otras herramientas
- Desarrollo de comunidad: supongo que no he de explicar este punto... ¿no?
Pues así estamos. Intentando adaptarnos a cualquier entorno en vez de perder el tiempo imaginando uno propicio.
De todos modos, la situación es, si cabe, más compleja todavía. No ofrecemos un producto final, sino una plataforma. Lo que conlleva unos ciclos de vida y de adopción bastante diferentes. Y partiendo de un lugar tan apropiado para la I+D como es España. Toda una aventura. Y todo un riesgo.
Si no consigo encontrar en breve la killer-app... ya veréis como cualquier día me echan ;-)
[UPDATE]: Acabo de ver que, como siempre, Ramón ya había relexionado sobre este tema (#5).
Mercado global
Ahora que estamos haciendo presupuestos para los próximos meses, creo que tendremos que plantearnos crear una partida especial para contratar a Jonathan Schwartz (CEO de SUN).
Así pues, ¿por qué estamos firmando estos acuerdos [distribución del SO Solaris con equipos Dell], en lugar de limitar el funcionamiento de Solaris a nuestro hardware propio? (sí, todavía hay quien me lo pregunta...). Pues porque si limitásemos Solaris a los equipos de Sun, seríamos como una operadora de telefonía móvil que vendiese teléfonos sin capacidad de itinerancia, o como un fabricante de automóviles que les obligase a comprar también gasolina de su marca. Posiblemente haya un mercado para ambos, pero es más reducido que el que perseguimos: el mercado global, en el que los clientes aprecian el tener capacidad de elección.
Sí. Sigue habiendo gente con mentalidad 0.1. Conozco a alguno al que le han rechazado inversiones por pensar igual que Schwartz.
¿Abrir el código? ¿Para que otros se aprovechen de lo que nosotros financiamos? Olvídate. Como mucho una API.
Nunca subestiméis el número de soplapollas irracionales en cualquier grupo social. Especialmente en el de inversores
O somos abiertos, o no seremos
Sería toda una paradoja (y una extraordinaria muestra de cinismo) que una empresa que genera herramientas para que organizaciones puedan "abrirse" compartiendo sus recursos, mantuviera una mentalidad cerrada. Por eso, estoy muy pendiente de la información que genera el grupo OpenBusiness. Y porque apoyo la canonización en vida de Ricardo Semler :P

Hace unos días, Julen Iturbe y Ramon Sangüesa ofrecían la posibilidad de realizar preguntas para ser discutidas en eFindex07. Yo contribuí con lo que intento conseguir actualmente: alinear nuestros objetivos de apertura con el ordenamiento jurídico actual.
Ahora que ha finalizado, las reflexiones posteriores son interesantes. Especialmente lo relativo a la búsqueda de ejemplos: algo básico para poder "evangelizar". El principal problema lo encuentro a la hora de seleccionarlas, y no únicamente por el escaso número de ellas, sino porque es difícil cuantificar el ROI de estos cambios.
Por si es interesante para alguien, muestro algunas medidas que hemos tomado:
- El trabajo se considera realizado cuando está disponible para todos. Y "todos" es "todos", de CEO a becario.
- Por el punto anterior, no hay políticas de acceso a la información. Ninguna. De actualizaciones del CVS a extractos bancarios. Nadie tiene el más mínimo motivo para pedir transparencia.
- Todo el mundo puede acudir a cualquier reunión. Es más, como coordinador de la parte BusDev premio con un Re-Imagina dedicado a los "techies" que acuden con ideas a una de las nuestras ;-)
- Cada uno se fija su sueldo. Empezarán con un contrato temporal de 6 meses por la misma cantidad que en su anterior trabajo, y antes de que expire se actualizan a uno indefinido con lo que consideren conveniente.
Y es sólo el principio. Pero observando como todo se reorganiza a día de hoy, la mejor forma de enfrentarnos a los cambios es sin barreras. Los costes de transacción y organización, aunque suelan estar bastante escondidos, son los que más caros acaban saliendo.
Por tanto, para una startup de R&D que piensa globalmente, el enfoque es claro: "O somos abiertos, o no seremos".
¿Empresa abierta = saltarse leyes?
(Este post es un hermano bastardo de "Buen servicio al cliente = Saltarse normas").
A todo seguidor del movimiento Open Business le ha de llegar el día en que le llamen de la gestoría para avisarle de que bordea la ley. Máximos de contrataciones temporales, tramos de X meses en un cupo de Y, obligaciones de contratación indefinida... Un sarao.
Al tema. En think in grid abiquo, nuestra mentalidad abierta nos ha llevado a dar completas libertades a los trabajadores para entrar y salir de la empresa cuando lo deseen. Frases como "los próximos meses haré intensivo en el doctorado y ya os avisaré cuando acabe" o "me voy 6 meses a acabar el máster a París" han sido aceptadas sin problemas. Todos somos adultos, todos comprendemos las necesidades de todas las partes, todos pactamos una salida no traumática, y a volar :-) Además, a la gente le viene bien airearse, y suelven volver con un souvenir de regalo :-P
Pero "legalmente" todo esto se ha de acabar en breve. Nuestra bendita regulación laboral cree que nos estamos aprovechando de los trabajadores. Que estamos haciendo trampas con estas "discontinuidades" para evitar contrataciones indefinidas. Lo curioso es que nadie nos ha preguntado como empresa si nos convence ese tipo de contrato, ni a nuestro equipo si se plantean comprometerse indefinidamente. O si están descontentos. O si como empresa nos hemos aprovechado de ellos alguna vez. Poder coercitivo de la Administración, lo llaman.
Así que tocará "hacer una interpretación favorable a nuestros intereses de los textos legales". O sea, mentir para ser legales. Manda cojones.
Podríamos evitar mentir (fui educado en cole de monjas) y satisfacer a todas las partes (empresa y equipo) contratando a todo el mundo como autónomos. Entras cuando quieres, sales cuando te conviene, y cada mes te marcas el sueldo que creas conveniente. Sería una buena idea, sino fuese por el paternalismo administrativo, que cree que los trabajadores son imbéciles que merecen ser tutelados en las negociaciones. Hace mucho que cualquiera de ellos es más valioso que el consejero delegado, y como lo saben ya se encargan de protegerse solos.
Miraremos de capear el temporal, pero con la vista puesta en hacernos todos autónomos. Y al "legislador", que le vayan dando.


