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Curiosa vida esta, en la que uno desayuna siendo un emprendedor y acaba comiendo siendo un bisneseingel. Lamentablemente, más “eingel” que “bisnes”. Ya se había podido leer por ahí lo de la inversión, pero yo prefiero hacerlo público con las escrituras en la mano. Cosas de la experiencia.

Para los que no lo conozcáis, Teambox es una aplicación SaaS enfocada a gestionar proyectos/grupos de trabajo. Algo así como un “basecamp”. Pero con la ventaja de ser opensource, poder ser instalado en tus servidores, y mucho más barato y con más características. En menos de un mes se ofrecerá la versión 2.0 (con multitud de mejoras), pero hasta entonces os recomiendo abriros una cuenta y empezar a cacharrear. Seguro que no os arrepentís.

¿Por qué he decidido invertir?

  • Emprendedor: Un emprendedor que suele ir con un libro bajo el brazo, que te recomienda leer a Ayn Rand, y que ha podido sobreponerse a numerosos problemas iniciales, merece ser tenido en cuenta.
  • Producto: De entrada, es un producto que utilizaría (y que de hecho utilizo :D). Por otro lado, su calidad es asombrosa. No es sólo un más que digno clon de Basecamp, es que le gana en características. Por ejemplo, en la próxima versión, la visión del proyecto va a ser al estilo twitter-facebook: en base a eventos. Al contrario de otros servicios que suelen tener las fechas o plazos como base.
  • Ejecución: Aquí hay que reconocer el trabajo de Pablo. En poco más de 3 meses ha conseguido miles de usuarios. Sus gráficas de crecimiento son espectaculares. Y todo ello a la vez que Teambox iba creciendo en características, e iba convenciendo a desarrolladores para que se uniesen al equipo.

Esperemos que los retornos sean rápidos y abundantes. ¿Qué opináis?

Situémonos un par de años atrás. Cuando abiquo no era más que cuatro líneas de código (que más tarde reescribiríamos completamente), gestadas en un sótano-trastero sin ventanas con un burn rate mensual que, los meses buenos, apenas llegaba a los 1.500 euros. Vamos, cuando pasábamos hambre de verdad. De verdad de la buena.

Cierto día de noviembre, surgió la posibilidad de tener un par de entrevistas para venta en Cambridge. Y allí que me tocó ir. En el Ryanair que salía de Gerona a las 6.15 para reducir costes. Una noche sin dormir, y mil oportunidades por explotar. La primera incursión al extranjero que hacíamos en esta empresa.

Mi ilusión, mi traje, mis brochures y yo, nos plantamos en el centro de Cambridge a media mañana. Lucía un sol espléndido. Señal del destino, pensé en mi ingenuidad. Crucé Parker’s Piece a toda velocidad, buscando una parada de taxis. Y sentado en un taxi me llevé la primera ración de realidad: nadie me había avisado de que antes de montarse en un taxi de UK, conviene tener un aval bancario. Un trayecto de poco más de 5 km, se llevó la mitad del dinero que había cambiado. Que no cunda el pánico: “si vendemos, ha sido una buena inversión”.

Obviamente, no vendimos un carajo. Aquella empresa hacía equipamiento tecnológico a medida para el ejército de su majestad. Recuerdo a 2 ingenieros senior, haciéndome preguntas megatécnicas para averiguar si nuestro middleware se podría empotrar en uno de sus micros. Y me recuerdo pensando que me habían estafado durante años con las clases de inglés. Ni entendía técnicamente lo que pedían (flags de compilación),  ni era capaz de explicarme con claridad. Allí estaba yo malchapurreando, deseando que me enseñasen la puerta para poder morirme de vergüenza con algo de intimidad.

Si quería evitar dormir al raso esa noche, tenía que ahorrar algo de dinero del viaje de vuelta. Así que a medio camino, simulé que me llamaban al móvil, y le dije al taxista: “Fíjese que casualidad, me acaba de llamar un amigo que vive ahí delante. Pare que me bajo ya :-D” Y andando me hice buena parte del trayecto de vuelta. Con unos zapatos que me mataban. Y pensando en que ya no llegaba a la segunda visita. Ni tenía forma humana de avisar.

Pasé buena parte del día, visitando B&B para pasar la noche. Los que me podía permitir, no tenían plaza. Así que yo tenía un problema. Algo grande. La búsqueda se interrumpió para asistir a un evento de antiguos alumnos de la universidad. Pensé que alguien me recordaría y que allí podría picotear algo. Ni lo uno ni lo otro. Ostracismo y hambre.

A última hora de la tarde, cuando acabó el evento, me tocó seguir buscando alojamiento. Recuerdo exactamente que cruzando Parker’s Piece noté que caían unas gotas. “Vaya, está empezando a chispear” pensé en mi ingenuidad. A los pocos segundos se abrieron las compuertas del  cielo y empezó a caer agua como no he visto en mi vida. En medio de la nada, sin paraguas ni sitio en el que refugiarme. Al minuto, notaba como el agua me resbalaba por las piernas directamente. Ni bajo la ducha se moja uno tanto.

Y busqué, y busqué, y busqué un B&B. Y me recorrí buena parte de Cambridge cansadísimo, mojado y hambriento. Al final, recuerdo que dí bastante pena en uno, y la mujer, llamó a una amiga suya para que me acogiese en su casa. “Serán 40 libras”. “Sólo tengo 25 :-(“. “Bueno”.

Tras estrujar el traje en el lavabo para quitarle el agua, me tumbé en la cama y apagué el móvil para que nadie me llamase. No sé si fue por frío, hambre, cansancio o humillación… pero me puse a llorar como un tonto durante un buen rato. Y pensaba en lo mucho que habíamos trabajado, lo mucho que habíamos tenido que sufrir, y que todo aquello no servía para nada. El futuro iba a ser más jodido de lo que habíamos imaginado :-/

… Y todo esto viene a cuento porque el otro día estuve intercambiado experiencias de emprendedores con Lluís Font. Ciertamente, han sabido crecer mucho y rápido. El recordaba con cariño sus primeros viajes al extranjero, cuando eran una startup de pocas personas. Yo no. Cuando me entra la vena del “romanticismo emprendeduril”, sólo pienso en aquella ocasión en que tuve que pasar una noche en Cambridge.

En el pasado Ignite, la última actividad era escribirse una carta a uno mismo con un único mensaje. Ellos las guardaban con el compromiso de enviarlas al cabo de unos meses. La mía llegó hace unos días:

Querido Yo,
Si cuando llegue esta carta no has conseguido un inversor decente…

LLAMA A MR. MONLEÓN

¿Ok?
Con cariño,

Diego

(Aclarar que Jesús Monleón es analista de inversiones tecnológicas en Caixa Emprendedor XXI).

Me hace gracia el oxímoron “inversor decente”. Porque hay verdaderas historias de terror en el mundo del capital riesgo (¿?) a pequeña escala.

Admito que empezamos saltándonos las normas, por lo que buena parte de nuestros errores principales únicamente tienen cómo culpables a nosotros mismos (y a mí especialmente). Pero, del mismo modo, también hay que resaltar que la cantidad de sopladores de vidrio que manejan dinero en seed, no es en absoluto despreciable (y muy probablemente superior a la media de cualquier grupo).

Ejemplos escuchados en diferentes reuniones:

  • ¿Por qué has tomado como base en el plan financiero unos tipos de interés del 4.5%? Uno de la retaguardia de la calculadora…ni producto, ni mercado, ni equipo. Todo un hacha de la visión periférica.
  • ¿Cuántos clientes tendréis en Cataluña de aquí a 3 años? Esta frase sólo puede pronunciarse con sonrisa condescendiente, barretina atornillada en la cabeza y nómina de entidad regional en el bolsillo. No les hables de internacionalización que van a piñón fijo….
  • Esperaba que nos presentáseis un plan desde nuestra inversión hasta la salida a bolsa. Con 2 cojones. Para un seed de 100.00 euros. Si eso no es ROI, que baje Buffet y lo vea.
  • Sólo invertimos en empresas que facturen un mínimo de 200.00 euros entrando a una valoración máxima de 1.000.000 de euros. Sin comentarios.
  • ¿Qué yo te pago el desarrollo y tú luego lo regalas? Otro de los greatest hits. Y sin duda, mi preferido.

Inversores hay… pero inversores con experiencia ***real*** (nada de cursillos de enterpreneurship ni “sensibilidad especial”) en startups hay pocos…. muy pocos. Y para que alguien sin experiencia startupera maneje nuestra empresa, ya estoy yo 😀

Aún así, tampoco firmamos con Caixa. Había que rellenarles un excel a medida 😛

Parece mentira. Medio año de esto y podría jurar que han pasado siglos.

¿Alguien se anima a compartir historias de terror?

Estaba skypeando hace una hora con un poco nada probable inversor americano, cuando al preguntarme sobre nuestros estados financieros, no se me ocurre otra cosa para esquivar la pregunta que un:

As my grandmother used to say, never try to bootstrap a R&D company

Y él con tono solemne ha respondido algo parecido a:

I’m sure she is a smart woman

Vaya golazo me ha metido.

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