Hoy es 7 de marzo. A algunos no les dirá mucho esta fecha, pero en mi lista de efemérides hoy ocurren dos cosas importantes: Aitor entra en el aburrido y poco selecto club de los 30añeros (jódete :D), y hoy hace diez años que cambié Java por el Excel… Así que en tan señalada fecha rememoremos la historia del día en que cambió mi futuro para acabar siendo eso que llaman empresario.

Por aquel entonces, yo estaba matriculado en la FIB. Digo que estaba matriculado, porque decir que estudiaba allí sería faltar a la verdad. Así que estaba matriculado e iba todos los días… pero a pasar el tiempo. Un día descubrí con Albert que era más barato desayunar en el polipuaj un Martini doble que un café con leche y un croissant… y ya se sabe que los jóvenes nunca hemos tenido mucho dinero. Así que primando el ahorro, nos pasábamos los días con más alcohol que sangre en las venas y buscando formas entretenidas de perder el tiempo.

Aquel 7 de marzo, miércoles, estábamos sentados Albert y yo en los pasillos del A5. Él había ido a una clase de matemática discreta (shh! :D) y yo… pues lo había estado esperando en el bar. Sentados allí, vimos pasar a una chica, con su melena al viento y una minifalda. Háganse cargo de la impresión que nos causó: estábamos en una facultad donde el porcentaje de sexos se repartía en un 90/10. Y a mí, sin duda muy influenciado por mi grado de alcohol etílico en sangre, no se me ocurrió otra cosa que decir a Albert: “vamos a seguirla”. Benditos Martinis, nacidos para crear valor en estas ocasiones. Y me levanté y empecé a andar, sin saber que algo tan tonto iba a cambiar mi destino.

La seguimos, y se metió en una reunión de la revista de la facultad: L’Oasi. No sé que tal andarán ahora las cosas por allí, pero hace 10 años aquella era una reunión bastante fúnebre: que si vamos a acabar cerrando, que si esto no es lo que era, que si los telecos nos echan del despacho… Sinceramente, no me pareció para tanto. Los borrachos solemos ser gente optimista. Además, hasta aquel momento no sabía que existiese una revista en la facultad.  Así que mis ganas de impresionarla y yo, levantamos la mano y dijimos que aquello no era tan grave, que se le podía dar la vuelta, y que pum y que tal. Y así es como un servidor acababa de ganarse el marrón de levantar aquello.

Por suerte, se acabó formando allí un equipo muy bueno. Cuando me hablan de cultura empresarial, pienso en aquello. Nathan, Zeus, Trancos, BrainSock, Dadkka, Ekiza (un teleco con alma fiber), FreakHand, Ray (y alguno más que me dejo) creando continuamente una revista de la nada. Pasando más horas en aquel despacho-zulo del edificio B5 que en cualquier otro lado. Sin duda fue uno de los mejores años de mi entonces corta vida.

Meses más tarde, un día de verano, estaba yo maquetando un número especial para entregar a los recién matriculados. Uno de esos días en que te sientas delante del Freehand, coges flow… y se te olvida todo… incluso que ese era tu último día para matricularte. Cuando me dí cuenta, pensé que mi subconsciente me estaba lanzando una señal. Me entretenía más construir cosas que ofrecer, que ser propiamente un ingeniero. También pensé que sin tener puta idea, lo de gestionar aquella revista no había salido mal del todo. Así que si me apuntaba a una bisnesescul, igual podría potenciar mis “capacidades”. Bendita ingenuidad xD

Para entrar en la bisnisescul necesitaba una carta de recomendación, y se la pedí al por entonces capo de la revista. Hicimos cuentas, y en un año, aparte del salto cualitativo, los ingresos los habíamos multiplicado por 9x y los beneficios por 14x. Ríanse de Richard Branson con su Student. Pasamos de únicamente tener deudas, a dejar un millón y algo en el cajón en un año. La leche.

Por si la historia os ha interesado, aquí van unas lecciones que aprendí a base de cabezazos. Ya… ahora me parecen obviedades… y probablemente lo sean… pero hace 10 años, cuando no sabía a lo que me enfrentaba, me fueron realmente útiles:

  • Conoce las finanzas: consejo tonto del día. Pero cierto. Cuando tomamos aquella revista, no sabíamos que había una deuda de 130k pesetas (800 euros) con un impresor. Ahora recordarme agobiado por aquella cifra me da algo de risa, pero en aquel momento, esa cantidad de dinero era un mundo. Si te vas a lanzar a algo creado por otros, sólo te puedo decir dos palabras: DUE DILIGENCE.
  • Ante la duda prueba a subir el precio: No te lo plantées. Pruébalo. Nosotros lo subimos a la vez que mejoramos la impresión y añadimos más páginas (y con unos costes menores!).
  • Los costes son tus amigos: porque si consigues reducir el coste marginal, la partida está casi ganada. Cambiamos la impresión de digital (coste fijo por unidad, y como mucho algo de descuento por volúmen) por la impresión con fotolitos (el primer ejemplar es carísimo, pero el segundo un regalo). Juega con los costes hasta poder reducirlos al mínimo.
  • Renegocia: Todo. Siempre. ¿Y que precio nos hace si imprimimos 500 revistas más? ¿Y si aumentamos el gramaje? ¿Y si le traemos a dos clientes? ¿Y si le ponemos una portada a color? ¿Y qué le parece si nos regala la impresión a color a cambio de publicidad en la contraportada? Conseguíamos unos precios de la leche.
  • Paga a la entrega: Unido al punto anterior. Cuando tengas un precio la mar de interesante, suelta la bomba: “y si te pago a la entrega ¿qué precio me haces?” Para un sector muy perjudicado por los impagos, esto es maná caído del cielo. Y un 10% menos en tu factura habitualmente.
  • Aprende a vender: porque no es lo mismo coger el teléfono para despachar pedidos, que salir a vender páginas de publicidad de una revista que nadie conoce.
  • Mata a las viejas glorias: t-o-d-o el mundo ha de ser valorado por lo que entregó el último mes. Sin excepciones. La única utilidad de las vacas sagradas es poder hacer barbacoas con ellas.

Y esto es más o menos todo. En próximos posts, contaremos la versión 2.0 de esta historia. En una bisnisecul, una chica sola (algunos la conoceréis :D) luchando por levantar una junior empresa, y un capullo barbudo que le dijo: te prometo que en menos de dos años, te compró la cuarta planta entera de la escuela para que podamos tener unas oficinas amplías. Y por el camino, más que perdices, tendremos sobredosis de centollos 😀

9 Comments

  1. Una experiencia muy interesante.

    Yo fui de los tontos que se tomó la universidad (FIB también) como algo serio, a pesar de que empecé a asquearme a partir del segundo año.

    Hace una semana haciendo limpieza de mi antigua habitación en casa de mis padres encontré varias revistas de l’Oasi, las tengo apartadas para releerlas cuando tenga un ratillo 😛 Qué recuerdos!

  2. ¿Pero te ligaste a la chica o ni por esas se dejó querer?

  3. ¡Coño! Un junior. Ya decía yo que me encantaba el tono.

    Tenemos un grupo en Linkedin:
    http://www.linkedin.com/groups?mostPopular=&gid=52556

  4. Oh, qué bonito… Yo fui presi de l’Oasi hace tres años o así, y aún soy miembro.

    Ahora mismo la revista no corre riesgo de desaparecer, hay una generación de gente con muchas ganas de hacer cosas y bastantes habilidades para el dibujo, que es algo que nos ha faltado desde que se fue Bull.

    Económicamente, sorteamos la ruina número a número con la publicidad. Yo creo que ya toca subir de precio la revista, ahora mismo aún la vendemos a 1€, el mismo precio desde que existen los euros prácticamente. Teniendo algo más de caja se podrían cambiar los PCs, que no están al nivel de lo que necesitamos.

    La calidad de vida en el Omega es espectacular, supongo que el B5 tenía su gracia y su encanto, cuando entré en la carrera solo quedaba ahí el Club de Rol y no vi sus años buenos. La verdad es que en el Omega estamos de lujo, no sé de ninguna facultad ni universidad que tenga algo parecido a lo que tenemos nosotros ahora :).

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