Situémonos un par de años atrás. Cuando abiquo no era más que cuatro líneas de código (que más tarde reescribiríamos completamente), gestadas en un sótano-trastero sin ventanas con un burn rate mensual que, los meses buenos, apenas llegaba a los 1.500 euros. Vamos, cuando pasábamos hambre de verdad. De verdad de la buena.

Cierto día de noviembre, surgió la posibilidad de tener un par de entrevistas para venta en Cambridge. Y allí que me tocó ir. En el Ryanair que salía de Gerona a las 6.15 para reducir costes. Una noche sin dormir, y mil oportunidades por explotar. La primera incursión al extranjero que hacíamos en esta empresa.

Mi ilusión, mi traje, mis brochures y yo, nos plantamos en el centro de Cambridge a media mañana. Lucía un sol espléndido. Señal del destino, pensé en mi ingenuidad. Crucé Parker’s Piece a toda velocidad, buscando una parada de taxis. Y sentado en un taxi me llevé la primera ración de realidad: nadie me había avisado de que antes de montarse en un taxi de UK, conviene tener un aval bancario. Un trayecto de poco más de 5 km, se llevó la mitad del dinero que había cambiado. Que no cunda el pánico: “si vendemos, ha sido una buena inversión”.

Obviamente, no vendimos un carajo. Aquella empresa hacía equipamiento tecnológico a medida para el ejército de su majestad. Recuerdo a 2 ingenieros senior, haciéndome preguntas megatécnicas para averiguar si nuestro middleware se podría empotrar en uno de sus micros. Y me recuerdo pensando que me habían estafado durante años con las clases de inglés. Ni entendía técnicamente lo que pedían (flags de compilación),  ni era capaz de explicarme con claridad. Allí estaba yo malchapurreando, deseando que me enseñasen la puerta para poder morirme de vergüenza con algo de intimidad.

Si quería evitar dormir al raso esa noche, tenía que ahorrar algo de dinero del viaje de vuelta. Así que a medio camino, simulé que me llamaban al móvil, y le dije al taxista: “Fíjese que casualidad, me acaba de llamar un amigo que vive ahí delante. Pare que me bajo ya :-D” Y andando me hice buena parte del trayecto de vuelta. Con unos zapatos que me mataban. Y pensando en que ya no llegaba a la segunda visita. Ni tenía forma humana de avisar.

Pasé buena parte del día, visitando B&B para pasar la noche. Los que me podía permitir, no tenían plaza. Así que yo tenía un problema. Algo grande. La búsqueda se interrumpió para asistir a un evento de antiguos alumnos de la universidad. Pensé que alguien me recordaría y que allí podría picotear algo. Ni lo uno ni lo otro. Ostracismo y hambre.

A última hora de la tarde, cuando acabó el evento, me tocó seguir buscando alojamiento. Recuerdo exactamente que cruzando Parker’s Piece noté que caían unas gotas. “Vaya, está empezando a chispear” pensé en mi ingenuidad. A los pocos segundos se abrieron las compuertas del  cielo y empezó a caer agua como no he visto en mi vida. En medio de la nada, sin paraguas ni sitio en el que refugiarme. Al minuto, notaba como el agua me resbalaba por las piernas directamente. Ni bajo la ducha se moja uno tanto.

Y busqué, y busqué, y busqué un B&B. Y me recorrí buena parte de Cambridge cansadísimo, mojado y hambriento. Al final, recuerdo que dí bastante pena en uno, y la mujer, llamó a una amiga suya para que me acogiese en su casa. “Serán 40 libras”. “Sólo tengo 25 :-(“. “Bueno”.

Tras estrujar el traje en el lavabo para quitarle el agua, me tumbé en la cama y apagué el móvil para que nadie me llamase. No sé si fue por frío, hambre, cansancio o humillación… pero me puse a llorar como un tonto durante un buen rato. Y pensaba en lo mucho que habíamos trabajado, lo mucho que habíamos tenido que sufrir, y que todo aquello no servía para nada. El futuro iba a ser más jodido de lo que habíamos imaginado :-/

… Y todo esto viene a cuento porque el otro día estuve intercambiado experiencias de emprendedores con Lluís Font. Ciertamente, han sabido crecer mucho y rápido. El recordaba con cariño sus primeros viajes al extranjero, cuando eran una startup de pocas personas. Yo no. Cuando me entra la vena del “romanticismo emprendeduril”, sólo pienso en aquella ocasión en que tuve que pasar una noche en Cambridge.

11 Comments

  1. Si no eres consciente de donde están los límites, no sabes cuan lejos puedes llegar. Hasta esta experiencia seguro que ha sido positiva para tí y para lo que en ese momento era think in grid.

  2. Historias como la tuya me recuerda una escena de “Los 300” , “Los espartamos No retrocedemos, No nos rendimos!”,
    sustituye “espartanos” por “emprendedores” y ese es el valor que tenemos que tener para salir ahí fuera cada día.

    Saber que hay emprendedores como es tu caso y el de Lluis y muchos otros antes, que tuvieron que salir y luchar por su empresan ayuda a pensar que no debes sentir verguenza si te pasa algo así en una visita sino pensar “Vamossss, vamosss … a por la siguiente oportunidad!”
    s2.

  3. El éxito y el triunfo no son gratis, por medio hay que recibir muchas ostias. La clave es resistir y no perder nunca de vista el objetivo. Yo no pierdo la fe.

  4. No sé si es porque la vi ayer pero me has recordado a “En busca de la felicidad”. Enhorabuena por estar donde estás (estáis) y por donde estarás (y estaréis) dentro de no demasiado tiempo 🙂

    PD: Juraría que te vi el Jueves en el Día del Emprenedor pero parecía que ibas con prisa a acreditarte (¿la charla del cloud computing?) así que no quise molestarte. Otro día hablamos Don Patrón 🙂

  5. Daniel Azkona Coya

    Como dice el padre de Calvin, esas cosas son para curtir el caracter. 😉

  6. Eres un crack Diego, por vivirlo… por contarlo.
    Me recordo algo que leí hace poco
    “La prueba del valiente está en saber sobrellevar cualquier derrota, sea la que fuere, sin perder el ánimo” Yongersoli
    Un abrazo

  7. […] a comment » Leyendo este artículo del blog Externalidades, me viene a la mente de que todos los que queremos algo, alcanzar una meta, […]

  8. Muy buena la historia. En la próxima cena (el viernes, ¿no?) te contaré cómo fue mi aterrizaje en Logroño, con una mano delante y otra atrás. Un abrazo

  9. montar una empresa es realmente un esfuerzo continuo. supongo que si fuera tan facil todo el mundo tendria la suya

  10. acabo de llegar de casualidad a este articulo buscando otra cosa totalmente diferente.. pero casi lloro al final de tu relato… lo bueno es que siempre puede pensar que mereció la pena y que tienes una historia que contar.. estas molan más que los dulces viajes de éxito…

    Suerte en tus nuevos viajes!!

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