Innovación
En 1932 nacía, en un pequeño pueblo de Georgia, Richard Wayne Penniman. Por ese nombre difícilmente os sonará, pero estoy hablando del inimitable (y nunca mejor dicho) Little Richard.
Little Richard, tras varios años curtiéndose en grupos de gospel, consiguió firmar su primer contrato en solitario en 1951. Años más tarde, en 1955 conseguiría su primer “hit” importante: “Tutti Frutti”.
Lo curioso es que su versión (la original) no fue la más vendida. En realidad lo fue una interpretada por Pat Boone, otro artista del mismo sello discográfico que era cristiano, heterosexual… y blanco. Por aquellos años de segregación racial, los sellos permitían que cantantes blancos cantasen éxitos de autores negros para venderles discos a los jóvenes WASP. A Little Richard le enfureció tanto ver que su mejor canción hasta el momento caía en las listas de éxito debido al color de su piel, que pensó un método para evitar que le volviese a suceder en el futuro: cantar muy rápido, para que fuese casi imposible copiarle.
Y así grabó “Long Tall Sally“, y se convirtió en historia. Innovación + desarrollo de marca propia = éxito.
Siempre pienso en este ejemplo cuando me hablan de competencia e innovación. Hoy lo he vuelto a recordar al ver que Custo prepara acciones legales contra Desigual por imitación. Entiendo su postura y la de sus abogados, pero no me parece el camino… a no ser que lo único que busquen es una campaña de publicidad barata para advertir a los consumidores de estos trapos. Que puede ser.




