externalidades

A person starts dying when they stop dreaming

El Manolito que había en mí

Era yo un criajo que no llegaba al mostrador, cuando una mañana se acercó a nuestra tienda uno de nuestros competidores preguntándonos si nos sobravan envases, dado que a ellos se les habían acabado. Recuerdo que mi padre les dio unos cuantos, y en vez de cobrarles les dijo “No os preocupéis, si necesito un favor, sé que puedo contar con vosotros”.

En cuanto se fueron, el Manolito que había en mí arrancó enfurecido contra mi padre. “¿Por qué no les has dicho que no teníamos?” “¿Por qué no se los has cobrado?” “¿Por qué no les has puesto a cada uno una pegatina de nuestra empresa?” Lo de regalárselos por las buenas me parecía completamente inconcebible. Todo un atentado contra cualquier principio empresarial.

Mi padre se explicó de forma sencilla: “Ese señor también tiene un hijo de tu edad. Con lo que ganamos aquí, a tí no te falta de nada. Así que ¿por qué impedir que ellos también puedan seguir viviendo?”. Durante un largo rato me estuve muriendo de vergüenza. Por egoísta. Y por cabrón.

El otro día, de casualidad, pasé por enfrente del local de aquellos competidores. La pre-crisis los ha barrido y ahora hay un pequeño supermercado regentado por unos paquistaníes. Nada nuevo bajo el sol. Por unos momentos sentí lástima al ver que ya no estaban. Sigo siendo tan tonto, o tan listo, como hace 15 años.

 

Comments

No comments so far.

Leave a Reply

 
(will not be published)