Estaba perfilando un post, cuando me ha llegado un mail interesante. El post se iba a titular “Parálisis por análisis” y reflejaba la bronca (cariñosa, pero bronca) que me echó hace unos días Jesús al meterse de lleno en la empresa y ver que la toma de decisiones no es tan rápida cómo el consideraba que debiera ser. El ejemplo más cercano eran las discusiones por mail a la hora de escoger un logo: todo el equipo decidía cada propuesta, lo que alargó el plazo de una semana a tres. Y que con las prisas que llevamos para sacar la nueva web, no debemos perder el tiempo con minucias. Y no le falta razón: si todos nos dedicamos a discutir sobre todo, las decisiones tardan en llegar.

Pero del mismo modo, esas decisiones, aunque lentas, son más robustas: todo el equipo entiende de dónde han surgido, ha valorado pros y contras y, además, ha podido participar en la decisión.

Cierto es que, a corto plazo, hay que pedalear rápido. Y posiblemente la mejor ejecución se da si yo (al ser el vision-man) cruzo las piernas por encima de la mesa, pongo cara de concentrado y empiezo a escupir órdenes cual déspota del siglo XVIII. El problema es que siendo liberal (y educado en cole de monjas :P) se me daría fatal. Y en estas estaba, cuando me llega un mail de Pitu (de excedencia por unos meses en París para acabar un máster), con una recomendación en LinkedIn.

Para ponernos en situación, Pitu se acercó por el antiguo zulo en nuestra peor época. Acabábamos de echar a un socio, y otro estaba en el punto de mira. Además, la caja no estaba para alegrías: unas semanas antes pasé el momento más vergonzoso de mi vida al tener que decirle a un buen trabajador: “búscate otra cosa, porque no puedo garantizarte que sigas cobrando el mes que viene”. Y Pitu llegó de casualidad, le gustó la idea, y acordamos el salario más misérrimo que jamás se haya visto. Tan mal estaba el tema, que al principio cobraba tarde y poco despues ni siquiera cobró durante 4 meses. A pesar de que tranquilamente podía sextuplicar (y no exagero) su sueldo en otra empresa, no sólo aguantó, sino que además ha sido el artífice tecnológico de las impresionantes características de nuestra plataforma. ¿El secreto? Probablemente trabajar en una empresa en la que se le informaba de lo bueno y lo malo, a la vez que se le permitía opinar al respecto.

Así que tras un par de días en el lado oscuro pensando en darle la razón a Jesús (”igual SEMCO no es un caso paradigmático”, “igual estos sistemas planos de decisión sólo tienen cabida en empresas donde sea sencillo medir el output”…), se me ha curado el bajón de golpe. Toda nuestra “cultura interna” puede resumirse en una sola palabra: transparencia. Por ello, forma parte de nuestro ADN decidir en equipo (que no quiere necesariamente decir democráticamente), y así vamos a seguir. Lentos, puede, pero comprometidos a largo plazo, segurísimo.

PD: Julen, como puedes ver, sigo por “el barrio” (aunque ande escaso de tiempo). ¡Felicidades!