El exámen debía comenzar a las 10:00. A las 9:55 mi ilusión, mis ojeras y yo estábamos en la puerta del aula asignada. 10:00… 10:05… 10:10… 10:15… Llamo al despacho del profesor responsable de la asignatura y dice que viene a buscarme.

La asignatura la había aprobado todo el mundo. Todos menos yo. Aquella mañana de Junio, me moría de sueño y no me apetecía nada escribir obviedades. Así que le eché un vistazo al exámen, esperé la media hora de rigor para poder salir del aula y al despacho. “Esto en septiembre será sólo un trámite de un par de horas”.

Aparece el susodicho. Empezamos a hablar mientras me lleva a una sala de reuniones cerca de su despacho en la que realizaré el exámen.

  • ¿Cómo es que has suspendido? ¿No venías mucho por clase?
  • Es que trabajo y apenas tengo tiempo para acercarme por la uni.
  • ¿En qué trabajas?
  • Bueno… monté una empresa hace año y medio…
  • ¿Y te va bien?
  • Empieza a funcionar
  • ¿Y por qué la montaste?
  • Había una clara oportunidad…
  • ¿Oportunidad? ¿Sabes que nos diferencia de los animales? Que a ellos les pones un dedo delante, lo mueves y te lo siguen con la mirada. Mientras que un hombre sabe mantenerse firme ante eso.
  • Porque hay que saber controlarse. Hacer cosas que a uno no le gustan, cómo levantarse a las 7 para estar en clase a las 8. Distinguir entre lo que es realmente importante. Y tus estudios son lo más importante a día de hoy.
  • De todos modos siempre he sido muy inquieto, y si no hubiese sido esto, hubiese sido cualquier otra forma de poner en práctica lo aprendido…
  • ¿En práctica? Montando una empresa te crees que estás aprendiendo cosas, pero no estás aprendiendo nada. Sólo aprendes cosas en el corto plazo que despues no te serán útiles en otro lado. En cambio, si te enfocases en la carrera, aprenderías cosas útiles para el largo plazo. Piensa que a los que hemos salido de esta escuela nos valoran muy bien: somos los que más empresas creamos, los que más cobran, los que más ofertas reciben. Y eso va en serio, porque esas cosas salen de empresas. Y no se andan con hostias.
  • Bueno…

Llegamos a la sala donde haré el exámen. Me da unos folios y empieza a dictarme las preguntas. Empiezo a notar que son “personalizadas”. Hay algunas tan abiertas, que serán una sangría de puntos. Tongo.

  • Te deseo suerte, porque como te desee justicia seguro que no apruebas.

Real, como la vida misma.