No recuerdo cuándo empezamos a diseñar nuestra arquitectura. Pero si recuerdo que uno de los requisitos principales desde el primer dia era que debía funcionar sobre todo dispositivo que tuviese un procesador y una conexión a red. Aunque parezca trivial, un requisito así te obliga a repensar toda la infraestructura. En los gadgets que vende IBM, no suelen haber problemas en cuanto a capacidad de proceso, almacenamiento o memoria. Pero si quieres introducir en la infraestructura pequeños dispositivos móviles, la cosa cambia. Mucho. Y se complica exponencialmente.

Por ello alegra ver que tímidamente, empiezan a surgir opiniones que nos hacen ver que escoger el camino difícil fue una excelente decisión.

Por un lado, The Economist (gratis) escribe un artículo sobre las bondades de los recursos inalámbricos, que va directo a los anexos del bisnisplan que escribiremos cuando tengamos tiempo. Aconsejo leer el post de David de Ugarte al respecto, especialmente en lo concerniente a spimes: imaginad un futuro en el que multitud de dispositivos se interrelacionan inalámbricamente, compartiendo entre ellos todo tipo de información de forma autónoma. Algunos lo llaman inteligencia ambiental. Todo llegará :)

Además, Oriol Lloret se hace eco de unas reflexiones de Tomi Ahonen sobre la superioridad del móvil con respecto a dispositivos más tradicionales: tener un dispositivo de uso personal, siempre encendido, siempre encima y con capacidad de realizar pagos. No es de extrañar que cada vez más se intenten desplazar aplicaciones hasta estos dispositivos.

Lo que empezó como un reto, va a acabar siendo un puntazo.

Stay tuned :)