Se hace eco Juan Freire de un post de Guy Kawasaki titulado "Is a business plan necessary?" en el que se cuestiona la validez de los business plans basándose en un estudio del Babson College.

El estudio concluye que no existen diferencias significativas entre startups lanzadas posteriormente a la creación formal de un business plan y las que se lanzaron sin él. Interesante. Sobretodo viniendo de la denominada cuna del entrepreneurship. A ver si desde su posición consiguen inundar de sentido común al resto. Que falta les hace.

Antes de seguir, he de introducir un disclaimer: en think in grid no tenemos business plan. Y por motivos de los que estamos claramente convencidos. Así que mi punto de vista es previsible.

He comentado alguna vez que esta empresa empezó a fraguarse hace 3 años. Por aquel entonces, el que suponíamos iba a ser nuestro modelo de negocio, era muy diferente al actual. Por aquel entonces todo parecía más sencillo (bendita ingenuidad). Por aquel entonces, teníamos claro que redactar un business plan era condición mínima indispensable y previa para fundar la empresa. En definitiva: por aquel entonces (y responsabilizándome de todo) me hubiesen venido bien dos guantazos. Mejor tres.

Nos apuntamos a un concurso de ideas de negocio en el que nos asignaban un tutor-emprendedor, que nos asesoraría durante el proceso de gestación del business plan. El afortunado fue Toni Mascaró, que durante meses intentó meternos en la cabeza el gran secreto para sobrevivir: gastar poco y facturar lo antes posible. Durante el proceso empezamos a negociar un contrato de varios centenares de miles de euros. Y ahí se torció todo. Si bien la ingenuidad y la ilusión hacen inflar las expectativas, tener en tus manos esas cifras de facturación antes de empezar te descoloca.

En la coronación de los emperadores romanos, un esclavo se les acercaba al oído y les susurraba "memento homo". A nosotros debieran habernoslo chillado y escrito en cartel con luces de neón, tras los correspondientes guantazos ;-) En definitiva: redactamos un business plan que me avergüenza releer. Creo que hasta teníamos coche de empresa (nunca se sabe cuando has de ir a recibir a alguien al aeropuerto). Y extrañamente nos dieron un premio especial. Me reitero: cuando dije "en tres años facturaremos X millones de euros con un ROI del Z mil por cien", alguien debió darme un guantazo.

Pero teníamos "lo importante": un business plan ;-)

El contrato que estábamos negociando nunca se concretó (jamás hagáis tratos con políticos), y problemas personales de algunos socios nos hicieron aparcar la idea temporalmente.

Pasados unos meses, volvimos a retomar el tema. Hablamos con posibles inversores y clientes. Reenfocamos el modelo. Calculamos los costes que deberíamos soportar, y aquí estamos. Ni más ni menos. Y mucho mejor que entonces.

Por ello mi opinión es que no sirven de nada, o de muy poco (en el mejor de los casos).

Lo que sí sirve es darse cuenta de la realidad. Y la realidad de una startup se conoce sólo desde dentro. El rechazo a los costes fijos, la presión financiera que te impide dormir, la desconfianza de los clientes cuando no eres nadie… Con algo así no hace falta un business plan. El miedo de una llamada del director del banco diciendo "game over" curte más que cualquier MBA.

Así que siendo sincero: si redactas un business plan antes de montar la empresa, lo más probable es que no tengas ni puñetera idea de que va el tema. Si lo redactas después, es porque te sobra el tiempo. Sería mejor que lo aprovechases en mejorar el producto y arrugar el traje visitando a potenciales clientes.

En definitiva: si quieres montar una startup ajusta lo que puedas invertir a los costes, trabaja con ilusión y cruza los dedos. Lo demás… milongas.


*** Releyendo el post, creo que es excesivamente sincero. Confío en que tal derroche sirva de reflexión a alguien.