Abogados
El placer que siento al sentarme con un abogado es únicamente superior al de atravesarme la mano con un clavo. Aún así, uno no escoge la sociedad en la que crece (y en ésta son cada vez más necesarios), por lo que la semana pasada nos reunimos con el nuestro.
(Inciso: De entre todos los que nos recomendaron, escogimos a Javier Prenafeta porque tenía un blog en el que escribía cosas coherentes. Una de las ventajas de iniciar conversaciones.)
Supongo que no me gustan los abogados porque demuestran lo inútil que son mis planteamientos en esta sociedad. Actuar de buena fe y "dar mi palabra" no es suficiente. Por ello, hubieron varios puntos de nuestra reunión que me chocaron bastante:
- Cláusulas de confidencialidad: Contratamos a gente con ilusión. Nos planteamos metas y seleccionamos a gente que nos pueda ayudar a alcanzarlas. Les damos libertad y la posibilidad de que desarrollen sus conocimientos. También, cómo es lógico, a final de mes el salario pactado. Y esperamos que el proyecto sea suficientemente interesante como para que se involucren completamente y se sientan cómodos en el equipo. ¿Cómo esperar que en una situación así te traicionen? Pues es bastante común, tanto que es habitual incluir en los contratos claúsulas de confidencialidad. Me choca mantener una relación habiendo plasmado por escrito cierta desconfianza desde el primer día.
- Avisos legales y registro de bbdd: Uno ha de tratar a sus clientes mejor de cómo le gustaría que le tratasen. No se plantea spammear, no se plantea vender datos a terceros… no se plantea nada que les pueda molestar. Pero ésto también es una excepción, por lo que existen la LOPD y la LSSI. Que, coercitivamente, se han de cumplir. En este caso me choca la desconfianza del Estado hacia mí. Sólo un imbécil cortoplacista molestaría a sus clientes. Por su culpa de perder tiempo en rellenar muiltitud de formularios.
- Licencias: Desde el primer momento tuvimos clara la fórmula mediante la que íbamos a ofrecer nuestros productos: si hay lucro con ellos danos una parte del pastel, y si no, disfrútalos con salud. Bastante sencilla, a la par que irrealizable. Si ya es complejo definir el "lucro", más sencillo resulta saltarse esa definición. Acabaremos licenciando mediante algún tipo de segmentación que de lejos no será tan perfecta como el planteamiento original.
- Patentes: De entrada, me cago en Bell, IBM y Microsoft. Algún día se ha de replantear completamente todo este sistema.
Si se tuviese en cuenta que se tardan años en crear una imagen y minutos en perderla, todo sería más sencillo. Y nosotros tendríamos más recursos y menos preocupaciones. Aunque visto el panorama, sólo un irresponsable saldría al mercado sin asesorarse.



[...] Esta pregunta también se la hacían los chicos de Thinkingrid. Pero como dice Diego, “sólo un irresponsable saldría al mercado sin asesorarse”. Porque son muchas las circunstancias que pueden darse en el mundo de los negocios, y la “buena fe” no es suficiente. Problemas con empleados, cláusulas de confidencialidad, exigencias de protección de datos, patentes, licencias, clientes, proveedores… [...]