Hoy hace 10 años que se constituyó “Soluciones Grid SL”. Así que toca agarrarse a la silla para y arrancar un viaje nostálgico, que no habrá mejor día para repasar muchos de los errores que puede cometer cualquier irresponsable que funde una startup de tecnología compleja con 23 años. Obviamente, Xavi estaba conmigo el primer día, pero no hace falta que os garantice que el responsable de la mayor parte de los desaciertos (por no decir otra cosa) fui yo.

AbiquoFounders
Xavi y yo, cuando apenas íbamos al médico

La razón social era Soluciones Grid porque no quería pasarme la vida deletreando ThinkInGrid. Más allá del error de pasarse días peleando por escoger un nombre, el grave es acabar escogiendo uno relacionado con la tecnología usada. Y hablando de constituir la sociedad, nada como dividir equitativamente teniendo responsabilidades e inversiones diferentes. Y si queréis un doble mortal, sumadle el desconocimiento (e incluso la vergüenza de plantear un pacto de socios). La juventud es lo que tiene. No seáis jóvenes. O gilipollas, que es lo mismo.

521994684_a04dcdb6a1_oEmpezamos con la idea sencilla de crear una plataforma para facilitar el desarrollo de aplicaciones de cálculo intensivo. Esto ahora parece innecesario, pero hace 10 años nadie te alquilaba recursos así que lo normal era hacer desarrollos a medida para ejecutarlos sobre un clúster. O incluso sobre un supercomputador, optimizando para pagar el menor número de horas posibles.  El bisnes lo vimos claro desde el grupo de investigación de la universidad que nos unía a todos: “haremos una versión mejor para los clientes existentes y además les podremos vender soporte”. Lo malo es que en ningún momento se me ocurrió plantearme si aquellas empresas que iban a la universidad a contratar investigación (bien por necesidad real, bien por subvenciones) firmarían nada con cuatro chalados instalados en un sótano-trastero.

Así que en vez de preguntar a los clientes *antes* de constituir la sociedad si se vendrían con nosotros, lo hice después. Y allí estábamos, en esa oficina internamente conocida como “el foso”, sin ninguna estrategia ni objetivo. Tocaba hacer lo que todo emprendedor que viva en Cataluña ha de intentar alguna vez en su vida: venderle algo a LaCaixa.

Y allí que me fui, a intentar convencerles de que sabía yo más de su negocio que ellos y de que con computación intensiva iban a ser capaces de estimar mejor el riesgo de sus hipotecas. Allá por el 2006 lo de medir mejor el riesgo no les interesaba mucho, pero si les llevaba de la mano a parejas con las condiciones necesarias para hipotecarse me prometieron pagarnos unos buenos dineros. Así que entre coger billetes a dos manos o revolucionar el mercado de la computación distribuida enfrentándonos a IBM con 12k euros en el banco, escogí mal. No sería la primera vez.

Tras varios meses de desarrollo, tocaba probar el prototipo. Y comparamos cuanto nos costaría migrar un proyecto construido en 3 meses por un equipo a media jornada. Tardamos 45 minutos. Y empecé a darme cabezazos contra la pared pensando: “es tan perfecto que no vamos a poder cobrarle horas de consultoría a nadie”. Un drama.

Pasaron meses complejos de peleas internas (nada es más nocivo que no tener un objetivo) hasta que el mismo día en que decidí bajar la persiana y repartirnos las sillas conocí a Jesús Monleón. Y que nadie me pregunte si él ha sido más decisivo en mi vida que Marta, que igual dudo. Por algún motivo lo que hicimos le llamó la atención y decidió ayudarnos a buscar financiación.

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“Mariño: focus, focus, focus”

Obviamente, ninguno de los pocos fondos que había aquel entonces entendía a aquel colgado que pretendía vender “un framework y un middleware”. Por lo que para poder sobrevivir cerramos una primera ronda con Jesús y Helena. A valoración 100k post. Habéis leído bien. Y a pesar de lo ridícula que suena hoy esa cifra (e incluso en 2007), fue de las pocas decisiones inteligentes que tomamos: nada como en fases iniciales poder sumar a gente con conocimiento y que confiaba (casi ciegamente) en nosotros.

Jesús trajo el principal giro estratégico de la empresa: “los chinos os van a copiar el software y el dinero se hace vendiendo a volumen, así que vamos a intentar meterlo en cacharros”. La idea no estaba mal… pero llegamos 10 años pronto al internet of things. Lo de llegar pronto a los sitios nos pasaba mucho. Lo mismo nos prototipábamos un Dropbox que un IFTTT. Y de pensar en la ubicuidad de desplegar software, acabamos cambiando el nombre a Abiquo.

Como éramos unos incomprendidos en España, dimos el salto al extranjero. Y más que salir a vender, salimos a gastar. Y en Cambridge, nos alquilamos la primera oficina que tuvo Xen (bendita superstición). Y el principal recuerdo que guardo es que la compartíamos con un chico que había contratado un programador chino que se llevaba el saco de dormir a la oficina por si había que quedarse hasta tarde. Hasta Xavi (que venía de DMR) se sorprendía. Y dando vueltas por allí tras muchas reuniones en las que nos pedían la tecnología bien para meterla en sensores de misiles, túneles o cintas transportadoras, el poco sentido común nos hizo ver que no podríamos en poco tiempo hacer nada tan complejo. Y también ayudó bastante quedarnos sin dinero. Nada ayuda más a priorizar bien que no tener dinero.

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En Milán, infiltrados a la moda para vender cacharros

Por suerte en poco tiempo, además de cerrar una mega-ronda con la CAN, a algún director de marketing se le ocurrió el término “cloud computing” para aglutinar servicios distribuidos. Y allí estábamos nosotros con la tecnología y conocimientos suficientes como para tener una oportunidad. Y cambiamos a la gestión de entornos virtuales. Y decidimos invertir más que nadie en la UI. Y ofrecimos una versión de código abierto. Y creedme si os digo que por el 2009, había pocas combinaciones más potentes para los VCs de siliconválei que opensource+cloud. Potentes hasta el punto de que mi primer paseo en limousina me lo pagaron unos para llevarme a una reunión.

Cometimos muchos errores también. Yo casi lloro de vergüenza recordando el día en que decidimos no estandarizarnos con la API de Amazon y seguir con la nuestra “porque la suya no es tan rica sintácticamente como para encajar en nuestra visión”. Que hubiesen cientos de miles de programadores usándola creo que no lo valoramos lo suficiente. Sintácticamente rica era la paliza que me merecía. Aunque si le preguntáis a Xavi, os diría que a largo plazo fue un acierto.

Pero lo cierto es que durante muchos meses, tuvimos el que era considerado el mejor producto del nicho. Tanto que a principios de 2009 se nos acercó la responsable de corpdev de una gran empresa a tantearnos por 30 millones. Y si estoy escribiendo esto es porque obviamente le dije que no. El número de errores que se puede cometer cuando eres joven no lo guardas en un int32. De aquello aprendí que más que fijarte en el precio de venta, te has de fijar en lo que te vas a meter en el bolsillo. Que sale más rentable 30 en la mano que 100 tras 2 rondas de dilución.

Seguimos sobreviviendo, y mucho de lo que pasó luego está asegurado por un NDA. Probablemente lo más interesante. En poco tiempo vivimos cosas inimaginables. I-N-I-M-A-G-I-N-A-B-L-E-S.

Y tras levantar una ronda, escoger sucesor, y vivir el sueño de demostrar el producto en el stand más grande de la feria más grande del sector, allá por Mayo del 2010 salí discretamente por la puerta de atrás.

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Haciendo demos en la CloudExpo y cogiendo leads a dos manos

10 años ya. Ojalá tengáis todos socios como Xavi o Helena. O nuestras ganas de sobrevivir. O lleguéis a ganaros el respeto de Monleón 🙂

How to become #1 in your local market in less than a year

Me ha encantado este post, que cuenta cómo salir adelante mezclando conceptos la mar de interesantes: micronicho, hacks para automatizar la cualificación de leads, más automatización de procesos en el pipeline mezclado con acciones en el MundoReal… si estuviese tan loco como para volver a montar una empresa, probablemente nos enfocaríamos soluciones para mejorar eficiencia y procesos del pipeline… Pero no lo estoy 😉

Me desayuno los chocokrispis leyendo una discusión de otros camaradas sobre este artículo de ElConfidencial, en el que cuentan cómo los comerciales de las empresas de comida a domicilio de España se pelean entre ellos. Tras unos momentos de perplejidad intenando entender la situación (“¿por qué quitar pegatinas si el cliente no las ve desde su casa?”, “¿qué métrica relacionada y fiable pueden reportar?” o “¿no es triste tener que ir de noche a quitar a escondidas pegatinas en los bares para que tu jefe reconozca tu trabajo?”), me doy cuenta de que se me ha acabado el tazón y me pongo otro.

Este segundo lo paladeo ya delante de hackernoise, y allí me encuentro un post denunciando las prácticas virales de una nueva startup llamada YayView. Lectura recomendadísima. Toda una recopilación biblia de darkpatterns, ejecutada sin el más mínimo reparo. Y supongo que presentando como resultado unas métricas verticalmente asintóticas. De esas que a ti, a mí y a los de las pegatinas nos gustaría tener. Y reportar.

Y me acabo el desayuno pensando que a Jobs gracias nunca he tenido que hacer algo así. Que en este tablero B2B en el que siempre he estado, estas jugadas a ese nivel no son necesarias. Y por otro, que este tipo de conocimientos previos, antes de llegar al mundo de negociar MSAs, POs y demás artefactos pues igual no vendrían mal. O vendrían muy bien.

Pregunta seria… Sin obviamente entrar a trabajar para una empresa B2C, ¿dónde se puede aprender todo esto?

 

 

No recuerdo por qué me dio por empezar a escribir un blog. Recuerdo muy claramente otros momentos importantes, como decir “en vez de facturarles por la universidad, nos lo montamos por nuestra cuenta“. O un “si haces mi parte del trabajo de Dirección Financiera, te prometo que me caso contigo“. Pero con lo del blog, juro que no recuerdo mucho. Me pasa a menudo.

Recuerdo que al principio, escribía para traer tráfico a ThinkInGrid (hoy Abiquo). Acabábamos de fundar la empresa, y supongo que era una forma sencilla de meter contenido. Además era 2006 y la blogosfera estaba en plena eclosión. Y supongo que haber puesto el foco en contar las vivencias desgracias de montar una startup, ayudó con la tracción.

Y así pasaron varios años, hasta que un día dejó de tener sentido. O llegó twitter y se cargó la blogosfera. O me harté de contar siempre lo mismo. O maduré, que viene a ser lo mismo. Y tras pasarme meses pagando un hosting que no usaba, lo borré todo y pasamos página.

Hasta hoy.

Portland Skyline

Hace unos meses me mudé a Portland. Y entre los muchos cambios que supone una aventura así, uno de los que más he notado es que apenas puedo discutir con nadie. Mucha de la gente con la que me podía pasar horas hablando vive en un huso horario en el que es complicado coincidir. Y en mi nueva vida, además de tener la suerte de crecer en un ambiente hiper-mega-ultra-requete-super-profesional, soy una persona menos estresada con tiempo para pensar. Y con esta combinación de circunstancias, no queda otra que volver a subir la persiana. Para contarle mis neuras al viento, supongo. Y también, para qué negarlo, porque echo de menos el buscarme problemas.

Además, mi compadre Walter corre con los gastos. No se puede pedir más 🙂

PD: Feliz día de Reyes!

(La foto del skyline de Portland es de sama093)

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