Igual es la ciclotimia típica de los emprendedores, pero últimamente en Ducksboard nos preguntamos qué queremos ser de mayores. O más concretamente el trimestre que viene. Lo habitual viene ser pensar que vamos a seguir como hasta ahora: a nuestro aire y sin dar explicaciones a nadie. El problema es cuando te contactan para conocer más sobre la empresa y empezar a valorar la posibilidad de una inversión. Llegados a este punto, la cagaste burlancaster.
Uno ya empieza a tener el colmillo algo retorcido, por lo que antes de soltar ningún dato pide un boceto del term-sheet con las cláusulas más habituales. Si alguien ha de perder el tiempo, que sean ellos… digo yo. Mientras llega, nos ponemos a imaginar qué bonita sería nuestra vida con más recursos: contratar ya a un especialista para el front-end, o alquilar una oficina con aire acondicionado. Aspiraciones frugales las nuestras. Así que por unos momentos nos planteamos olvidar una de las máximas de Steve Jobs: “It’s better to be a pirate than join the navy“.

Pero esas vacilaciones duran lo que tardas en recibir el documento. Y una vez leído, tu primer instinto es ir corriendo al baño… y ponerte delante del espejo para comprobar si realmente tienes cara de gilipollas. Afortunadamente, Marta está haciendo un duro trabajo de pigmalionización conmigo, por lo que en vez de responder preguntándoles si saben donde está Parla, suelo responder algo más del estilo “le agradecemos su interés, pero no va a ser posible que lleguemos a un acuerdo con estas condiciones”.
Así que tras estas experiencias, me asaltan todo tipo de reflexiones. Partamos de la base de que los costes de desarrollo hasta el go-to-market han descendido sensiblemente hasta rozar el suelo, y de que por el lado de la oferta de inversión cada vez hay más competencia. Cualquiera que haya hecho 3 horas de microeconomía (o tenga algo de sentido común), debiera ver que la competencia por el lado de la inversión debiera ser atroz, lo que llevaría a ofertar unas mejores condiciones. No digo que los inversores me vuelvan a enviar una limousina a casa para ir a una reunión (bendita época dorada del cloud en el valle), pero si que sería razonable leer “entrepreneur-friendly terms” en los contratos. Algo que está ocurriendo en USA pero no en Europa.
No tengo una teoría clara de por qué ocurre esto, pero sí varias ideas sueltas al respecto (y todas basadas en que el grueso de inversión viene de dinero que antes no estaba en este sector):
- Los pequeños inversores no tienen experiencia en el sector e intentan sobreprotegerse. Y olvidan la máxima de “there’s no such thing as standard terms“. Y buscando su protección, planean dejarte sin armas para controlar ellos la empresa con una inversión mínima. Desconocen que sentarse ante un inversor serio para una posterior ronda con un contrato enrevesado es motivo suficiente para ser blackballeado.
- Los inversores con mayores bolsillos suelen tener 2 problemas:
- Intentan volcar su experiencia en M&A o PE, lo que en el sector del capital riesgo ni es lo mismo ni es igual
- Se fían de la dilatada experiencia en el sector que pueden ofertar los becarios de McKinsey y basan en sus opiniones su estrategia y contratos (esto dará para un post majo en 2 años, palabra :D)
- Finalmente, la ilusoria de ilusión de burbuja les hace no sólo disparar a todo lo que se mueva, sino que además su voracidad les hace olvidar otra máxima de (San) Mark Suster: “Invest in lines, not dots“. Por tanto, invertir en puntos implica invertir en desconocidos, e invertir en desconocidos implica también sobreprotegerse.
El problema que tiene esta situación es que, entre cuatro iluminados advenedizos con dinero caliente en el bolsillo, van a quemar el sector. No lo digo por la inflación que se crea (que desde el lado emprendedor nos beneficia), sino de selección adversa: todo aquel que firma esas cláusulas restrictivas no tiene mucha idea y muy probablemente se irá al carajo. Lo siento por los aludidos pero es así. Y yéndose al carajo unos cuantos, ya podemos considerar quemado el sector una buena temporada. Pero igual me explico mejor con unos ejemplos (mucho más suculentos que leer una liquidation preference de 5X con double-dip).

Hace unas semanas, recibo un term-sheet para una inversión semilla de 50k. Sí, 50k. Y unas cláusulas la mar de majas sobre otorgar unilateralmente derecho de veto para crear nuevas acciones, ampliaciones de capital, modificar el ESOP, vender la empresa, blablablabla. Como he dicho arriba, ya no soy l’enfant-terrible que respondería al mail con un “¿tú sabes quién se ha vuelto loca?”, sino que muy educadamente pregunté si había algún error tipográfico en la cantidad a invertir. Y es que uno además de contenerse tiene su lado ingenuo y gusta de poner la otra mejilla. Pero no había error, sino que “estas son las condiciones que otros emprendedores nos están aceptando”. Tal como lo leéis.
Hace también unos días recibo otro term-sheet con unas condiciones de tirarse de los pelos. Pero en él había una cláusula que me llamaba la atención porque nunca la había visto: hacía referencia al vesting de las acciones de los fundadores y un pool de stocks. Suele ser habitual que al hacer los cálculos de inversión, el ESOP se calcule pre-money (y viene principalmente financiado por fundadores). Pero tal y como estaba redactado no parecía ser eso. Así que tras un poco de investigación alguien me explica de qué va la película: resulta que como fundador pones parte de tus acciones en el pool de empleados, y tienen un vesting igual que el del resto. Vamos, que firmas que cedes tus acciones para que te las vayan devolviendo con cuentagotas. He dicho ya que ahora cuento hasta diez antes de responder a estas propuestas, por lo que en vez de preguntar si “¿te has apuntado ya al concurso?” en este caso he preferido no volver a descolgar el teléfono.
Pues eso. Que uno no deja de sorprenderse. Pensaba que cuando hace unos años un fondo español innovó hasta crear la capitalización de deuda (es decir, ellos te buscan subvenciones y te capitalizan buena parte de ese dinero, lo tengas que devolver luego o no), habíamos tocado fondo. Pero tras ver que no sólo muchas startups firmaban las condiciones sino que además seguían aumentando su fondo con nuevos inversores todavía nos queda recorrido.
Así que tras 2 años sin tocar activamente esta parte del sector, no puedo estar más desconcertado. Y tras observarlo, me viene machaconamente a la cabeza una cita de un dictador Uruguayo: “Estábamos al borde del abismo, pero decidimos dar un paso al frente”.
Pues eso es lo que entre todos vamos a hacer: despeñarnos. Espero que al menos nos divirtamos por el camino :)